Más Allá De Los Hits
19 de Julio, 2010
Estoy junto a tres amigos al interior de un bar “universitario”, que es como se designa a esas casonas en las que te venden cerveza mezclada con agua, y donde el único lujo es no estar en la calle. Egresamos el año pasado, hasta ahora ninguno de nosotros ha encontrado trabajo, pero de alguna forma nos mantenemos alegres; todavía tenemos veintitantos años, y al fin y al cabo juventud y tiempo libre no es una ecuación tan mala… aunque el factor incógnito siga siendo el dinero.
Son como las tres a.m. Comienzan a sonar los riffs de ‘Smoke On The Water’. Mis amigos se abrazan y cantan, y por alcance me abrazan a mí también. Alzan los puños y balbucean un inglés que le provocaría una crisis de pánico a Ian Gillan. Luego suena ‘Sweet Child O’ Mine’, ‘Light My Fire’, ‘The Final Countdown’, ‘We Will Rock You’, ‘Hold the Line’, etc. Todas las noches el bar coloca el mismo playlist. En ese ambiente de hueveo esas canciones todavía me surten efecto, pero en cualquier otro lugar ya no me llaman la atención. Ya ni siquiera las tiro a mi pendrive. Ahora siento a esos temas como pedazos de un cascarón que ya rompí hace rato, y la misma percepción se me repite con los nuevos hits radiales, incluso los de mis grupos favoritos; melodías enganchadoras que no me emocionan tanto como aquellos lugares donde la banda se atreve a experimentar, donde va más allá de sus posibilidades, e intercala, muchas veces al final del disco y de forma casi clandestina, una canción sin afanes tan comerciales, y sin intenciones de hacer himnos megalómanos.
Recuerdo que cuando por primera vez le puse play al “Mer de Noms” de APC, los singles ‘Judith’ y ‘The Hollow’ me parecieron entretenidos, pero mi favorita fue, por paliza, ‘Orestes’. Una balada que parece haber sido ejecutada en un estado entre el sueño y la vigilia. Lo mismo con ‘Salty Dog’ de Procol Harum. A estas alturas ‘White Shade Of Pale’ es ya casi un cliché, y el disco tiene canciones mucho mejores, sobre todo la que le da título. También me pasa con el “Adore” de Smashing Pumpkins. Ya sabemos que casi todas las canciones de esa entrega no son de lo mejor que han hecho, incluida ‘Ava Adore’, pero “Pug”, un tema que a nadie le importa (ni le importará) me pareció una canción increíble; sucia y enigmática.
En el “Viva La Vida” de Coldplay, me quedé pegado con ‘Chinese Sleep Chant’; una canción rarísima dentro del disco, donde las letras ya no se distinguen entre la reverberación, pero que aún así me resulta misteriosa y acogedora. En fin. Creo que tengo una tendencia natural a las baladas oscuras y oníricas. Pero con esto no quiero hacer una especie de ostentación de mis propios gustos. El punto es que todos somos distintos, y de nosotros depende realizar una búsqueda musical sincera, que realmente sea reflejo de nuestra personalidad, y no un esfuerzo de ésta por limitarse y deformarse en el contacto con imposiciones externas. Hay que recordar que los singles radiales son elegidos por su viabilidad comercial, y no por su calidad estética.
Después de esa salida con mis amigos, a la mañana siguiente salgo en bicicleta a dejar currículos al centro. En el camino me pongo los audífonos. Suena ‘Dichterliebe’ de Robert Schumann. No tengo pituto, sé que no me van a llamar de vuelta. El aire es fresco y las calles están despejadas. En un paradero de Avenida Alemania hay una morena de lentes, con aspecto de cansada. Me mira mientras paso fugazmente al lado suyo. Me acuerdo de ese ensayo de Peter Handke, donde decía que la gente que está cansada encuentra a todas las personas más bellas. ¿Habrá sido de esa forma?, espero que sí. Creo que esa es una de las pocas cosas buenas de estar cesante; en último caso, te regala el don de la contemplación.
Christian Rodríguez Büchner
El mundo del Rock tiene muchas anécdotas que contar, si ya es costumbre que en citas se relacione esta rama de la música popular con excesos, muertes, drogas, conciertos memorables, excelentes composiciones, entre una amplia gama de temas a informar, el balón pie no queda atrás.
Que hoy en día Internet es una herramienta en la que no solo buscamos información, si no que también es un medio en el que interactuamos y del que nos hacemos participes, que duda cabe.
Hace un tiempo -20 de Marzo- mientras veía las noticias, me llamó especialmente la atención la nota que aludía a los “reformados” (?) Guns ‘N’ Roses. Y digo que me llamo especialmente la atención por la supuesta hora de llegada del único miembro de la formación original, Axl Rose, que estaba estimada a las 23.30 horas, siendo que el concierto que debía protagonizar comenzaría a las 21. Ésto me hizo pensar en la entrega que tienen las bandas con su público, en este caso me enfocaré en el chileno, aunque dudo que difiera en otras partes del orbe.

Hace 50 años surgía de las ciudades industriales de Inglaterra un estruendoso y odiado sonido, que ayudado de las raíces del rock n roll y blues norteamericano, definió la mayor parte del siglo XX. La gente o quien sea lo denominó rock y de ese simple término nacieron muchas otras variantes de estilos y culturas. Imaginense, que esto fue en la decada de los 60, o sea, hace 50 años, y por ende los 70s pasaron hace 40 años, los 80s hace 30 y así susecivamente. Esto me hace sentir viejo, y eso que tengo solo 17 años. Pero, el innevitable paso del tiempo no es lo único que jubila mi mente, sino al ver a un patético Axl Rose creyendose de divo, a un Pete Townshend casi sordo, la cancelación del show de BB.King en Chile o ver a mis grupos favoritos en su gira de aniversario me envejese aún más. Que envidia tengo de la gente de los 60s y 70s (hablo internacionalmente para no meterme en política o dañar sentimientos), los cuales tuvieron la oportunidad de ver a los Creedence originales o los Doors de Jim Morrison y tuvieron la posibilidad de ser parte de un movimiento, sea este mod, hippie, punk, etc. Sin embargo, eso ya pasó.
Siempre he notado que cuando ocurre una catástrofe todo el mundo de la música se hace presente para ayudar a aquellos que lo necesitan. Artistas que van desde el pop hasta el rock más duro que nos podamos imaginar. Es en este último que me quiero enfocar hoy. Es cosa de ver los conciertos que se hacen por África, por citar un ejemplo.
Muy a propósito, el fin de semana del terremoto escuché varias veces el tema “Fragilidad”, la nueva versión de Pedro Aznar para el clásico “Fragile” de Sting, incluida en su disco “Quebrado” publicado el 2008. Recuerdo que el ex The Police había reactualizado ese tema luego de la tragedia del 11 de septiembre del 2001. Que bueno -a la luz de lo sucedido por nuestra propia catástrofe- haber podido captar el mensaje también. De que somos bien poca cosa frente a la naturaleza, ni siquiera deberíamos discutir. Pero la sensación con que uno se queda después de una experiencia como la del terremoto del 27 pasado es de cuán frágiles somos.
Como todos saben, el rock es conocido por su estilo rebelde, un tipo de música donde el que no sabe lo denomina algo así como puros tarros sonando, algo que molesta y no tiene sentido. Algunos padres, no todos eso si, siempre nos critican por escuchar ese tipo de música que nadie entiende según ellos. La lucha libre también es mal mirada y conocida por su excesiva violencia y para los que no conocen el tema, solo critican diciendo que son hombres musculosos y que las peleas son de mentira.