Archivo de Marzo de 2007

Nuestra carta de presentación: “escucho rock”

Martes, 27 de Marzo de 2007

El otro día en la Biblioteca de Santiago, mientras esperaba a un buen amigo mío, un muchacho con sus buenos bototos y polera con estampado de Therion, se acercó a preguntarme si yo era metalera (debido a que andaba completamente vestida de negro y corporativizada con un bolso ROCKAXIS). La respuesta fue automática: ‘no’, soy rockera, pensé para mis adentros. “¿Qué opinas de Ozzy? ¿Te gusta el black metal? ¿King Diamond? ¿Venom, Cradle of filth, Emperor, Dark Funeral?”, ‘¿qué onda este gallo, si ya le dije que no era metalera?’, de hecho- le respondí- mi banda favorita de metal es Opeth… “Opeth…. ¿y qué piensas de Ozzy?”
 

Fue inevitable pensar en el tema de la identidad. Recordaba conversaciones de mis actuales compañeros de laburo, cuando a algunos de ellos apenas los conocí, comenzaban casi de inmediato con la lista de bandas que eran de su agrado, cómo habían llegado a ellas, cuál era su grupo favorito. Uno, el jefe, el erudito de Kiss y hereditario de la biblia del marketing que Gene Simmons le legó, típico que con unos tragos de más empieza a hablar de cómo conoció a Kurt Cobain (o dependiendo de la persona con que esté, ‘yo estuve en el unplugged de Charly García’, también entra en la conversa), otro, el roadie de bandas ochenteras, que experimenta situaciones ‘infartantes’ cuando se le rememora algún disco de esa época; uno que tiene el corazón dividido entre Beatles, Neil Young, Bob Dylan, Pearl Jam y The Strokes, no sé si en partes iguales; el editor, (Lester Bangs como una vez le dije) más cercano a lo de los noventa y lejano a lo británico; el chico-que-etiquetamos-xcore-que-en-realidad-escucha-de-todo-(según-él)… y así uf…. Podría alargarme unos cuantos párrafos sólo hablando de ellos.
 

Lo que sucede con nosotros es que muchas veces el rock se convierte en nuestra carta de presentación, y más allá de eso, en algo que asumimos como si siempre hubiera sido nuestro y que no estamos dispuestos a transar. Cliché o grave, lo que sea, la cosa es que es verdad. Claro, en las entrevistas de trabajo, pobre que se te escape que te gusta el rock, porque la cara al entrevistador se le cae. Unas compañeras de universidad que tuve- súper pesadas a todo esto- encontraban último que escuchara rock (como si Luis Miguel o Arjona fueran la raja de músicos). Hay algo en el rock que me parece que no se diera en general: hay un sentido de fidelidad diferente a las personas que encienden la radio para tener música de fondo, y que en realidad, les da lo mismo.
 

Hay una suerte de engreimiento por decir, ‘escucho rock’, porque nos creemos la raja. Hasta nos identificamos a tal nivel con nuestros grupos favoritos que llegamos a pensar como ellos, vestir como ellos, actuar como ellos –el otro día fui al frente de una iglesia y le quise prender fuego- me dijo el chico de la polera de Therion, tenemos la necesidad innata de convertirnos en nuestra carta de presentación, tanto para establecer nuestras propias diferencias, como para encontrar a un compadre que le guste lo mismo que a nosotros, para intercambiar discos o videos o lo que fuera. Y aunque parezca obvio, somos lo que escuchamos. Somos el rock. Somos toda la variedad de sentimientos, colores, tendencias sexuales, distorsiones, volumen, rizado, liso, derecho, izquierdo, políticas, cultos… que arriesgadamente propongo que no existe en otro estilo. El rock es nuestra personalidad múltiple que nos separa y nos une, hoy puedo querer escuchar Megadeth como mañana quiera escuchar Rush o qué sé yo, The Killers.
 

Rockaxis es la máxima expresión de todo eso. Formamos una enorme comunidad, de no sé cuantos miles, y nos odiamos tanto como nos amamos. Un fan de Scorpions no tolera nada de los noventa, pero ama discutir y plantear su opinión al resto (y que ojalá les quede claro que su opinión es la que vale), o por otra parte, están los que llaman a conciliar porque debemos tener la mente abierta. Hay para todos los gustos. Así como el amplísimo universo del rock.

Columnistas todos: a seguir cambiando el mundo

Martes, 20 de Marzo de 2007

A fines del año pasado el personaje del año, de acuerdo a una importante publicación global fue ‘YOU’… o sea fuiste ‘TU’, fueron ustedes, o sea nosotros como comunidad. Éramos apuntados desde la revista con un dedo acusador que decía ‘YOU’. A través de Internet nos hicimos sentir como masa que opina, a menudo articula ideas escribiendo y modifica las conductas de los medios hacia nosotros, porque simplemente dentro de estos estándares estamos exigiendo más. Y a veces hasta estamos pidiendo cosas realmente novedosas para poder declararnos conformes. Para mí, la gran cosa novedosa es la cantidad de columnistas que hoy existen y que a uno le provocan gran inspiración.

Como colaboradores en esta central operativa de música llamada Rockaxis nos consideramos ‘columnistas’, tenemos una opinión en torno a algo y la publicamos, ya sea en esta revista o en la plataforma de la página web. Y en esto quiero detenerme para hacer patente el proceso de cambio en el que nos estamos desarrollando. Hace 8 años había que buscar con lupa las firmas autorizadas con respecto a un tema específico entre kilos de información impersonal y en muchos casos, fría e inservible. Hoy en día, todos los diarios y revistas tienen varios columnistas y por supuesto está lo más importante, la proliferación de blogs en los que cada uno es ‘columnista de uno mismo’.

Esa es la generación ‘You’, la razón del por qué al hacerlo nosotros mismos nos convertimos en personajes del año y en la alternativa más válida de la historia de las comunicaciones. Estamos entrando en la era de la forma más económica y rápida de hacer -en muchas ocasiones- buen periodismo. Y ojo que no sólo me refiero al periodismo escrito, sino al hablado que vía podcasts, en formato audio con una estructura algo parecida a la de la radio, nos deja saber que hay más opiniones sobre la información que ronda por aquí y que hoy también abunda. La cosa es ofrecer una interpretación potente de ésta.

Como columnistas somos entendidos como gentes informadas o de buena formación que sintetizamos hechos y exponemos un punto de vista, tratando de ser en esto lo más agudo posible. A la hora de ser reconocidos como tales es porque hemos sido consistentes en el tiempo y entregado sustancia. Lo extraordinario es que cada día está entrando más gente a esta cuestión del columnismo. Lo que ya no es escribir columnas, sino que escribir para opinar, expresar, relatar e informar.

En esta publicación -y en general en nuestros medios- desde hace un tiempo hemos querido crecer hacia una editorial que vaya más allá de la información dura y enciclopédica de la música y afortunadamente con todos los colaboradores que aquí escriben lo hemos logrado y seguiremos trabajando en ello. Me gustan las columnas de opinión al respecto de temas musicales que se desprenden de las publicaciones del mes o los eventos realizados en aquel lapso de tiempo, pero amo a este columnista que en Internet se está propagando como un reguero de fuego: aquel que escribe de pequeñas verdades cotidianas, apuntes lúcidos o joyitas que iluminen puntos oscuros sobre los que, a lo mejor, ni siquiera nos habíamos detenido a pensar.

La columna -casi como decir el formato en que escribimos en nuestros sitios y revistas- tiene una matriz que es el ensayo y me gratifica ver que ahora ‘YOU’, ese usuario a menudo anónimo escribe en un tono intuitivo de ensayo. Con ganas de discrepar, de opinar o de re-interpretar lo que lee y vive cada día. Escribir algo que sea cierto es buena parte, sino todo, de lo que significa escribir.

“Ver claramente lo que está debajo de nuestras narices requiere algo de talento, lo que requiere grandes dosis de talento es saber en que dirección apuntar las narices”.

 

Alfredo Lewin