Archivo de Septiembre de 2007

¿Dónde nos representamos?

Viernes, 28 de Septiembre de 2007

De acuerdo a una encuesta que aplicó el INE (Instituto Nacional de Estadísticas) el año 2004 en la Región Metropolitana, un 46% de la población escucha rock. Pero ¿dónde se ve representada esa cifra? Claramente, no en los medios masivos que ignoran una gran parte de nuestros eventos, ni menos en la radio FM, ya sabemos, sólo una estación se dedica a pasar rock clásico todo el día, mientras otras pasan canciones de rock de vez en cuando. Mi pregunta se dirige a algo así como una representación popular, como si ese porcentaje mostrara un universo electoral. Por eso, ¿dónde nos reflejamos? Quizás la forma más cualitativa y cuantitativa sería a través del número de conciertos que agrupa el estilo (desde el rock más tradicional al metal más extremo) y que se realizan a lo largo de un año, y toda la gente que incondicionalmente asiste a estos recitales, porque estoy segura que el rock tiene más visitas internacionales que cualquier otra tendencia musical. Todo eso lo digo porque, comparado con el 77% de personas que reconocían que escuchan música romántica, ellos sí tienen una indudable representación en todas partes, por una cosa obvia me dirán, que esa música vende. Por eso les pregunto a ustedes, ¿cómo se nota que casi la mitad de la población escucha rock?

En busca del girl power

Domingo, 2 de Septiembre de 2007

No conozco la forma correcta de abordar este tema. Sólo me tiraré a la piscina, y de bombazo, guatazo y piquero.

Varias veces me he cuestionado el tema de la división de “rockero vs rockera”, aparte de la obvia, el sexo masculino o femenino. ¿Existen diferencias notables entre ambos? O ¿somos parte de la misma masa multicolor, más tirada a las tonalidades negras? Ya comienzo a pensar que establecer esta comparación es bastante absurdo, viendo ejemplos de otros países, por ejemplo, Estados Unidos, la cuna del rock and roll y fuente de una gran parte de la historia de nuestra música favorita. Cuando busco entrevistas en radios norteamericanas, un porcentaje importante de los programas de rock son presentados por mujeres, o a su vez, compartidos por hombre y mujer. O en la misma Argentina, donde existe una gran masa femenina que escucha, estudia e investiga el rock. Pero estoy segura que a ninguna de ellas las han contratado por ser minas ni llaman la atención por ser una mujer dentro del rock. O sea, no es tema. En mi caso particular, no quedé en Rockaxis porque fuera mina y Cote quisiera romper el molde con tanto cabro. No. Simplemente quedé porque contaba con todas las herramientas necesarias para pertenecer a un medio como este.

Recorramos un poco el pasado. ¿Janis Joplin tuvo éxito por ser mujer? Lo más probable es que la respuesta sea No. Pero todo partió desde ahí, desde la tenacidad. Más que distinguirse por sobre los hombres, quería destacarse de la masa. Y en ese mismo nivel está Aretha Franklin, recordemos el himno ‘Respect’, que aunque es EL tema de la reinvindicación femenina, supo sobresalir por su enorme talento y por su maravillosa voz. Más adelante, las alternativas Sleater – Kinney y L7 en los años noventa fueron catalogadas sin más ni más como “rock femenino”, un apelativo que odiaban con toda intensidad. Sería como si desde Elvis hasta ahora, y en toda agrupación donde no haya una mujer presente, lo llamemos “rock masculino”. Porque cuando se habla de género, el género siempre es femenino, no masculino.

Mi punto es que en general, creo que hay muchas cosas que nos unen en lugar de separarnos como hombre y mujer que gustamos del rock. Si hablamos desde el punto de vista de fan, a todos y todas nos gusta una banda de la misma forma, en cuanto a pasión. Sólo que la demostramos unos de forma más calculada (“cáchate el medio riff”) y otras de forma más irracional aunque no queramos serlo (“¡aaaaaaaaa! ¡me encanta esa canción!”) Y aquí no le perdono a los caballeros que me vengan diciendo, es que a las minas les gusta tal grupo porque el vocalista es pintoso, o cualquier cosa. Como cuando escuché, camino al Monsters of Rock 2005, “las minas fueron a ver a Death porque el Chuck era rico no más”. ¿Y qué queda, entonces, de los que van a ver a Los Jaivas, y terminan gritándole piropos a Juanita? No nos leamos la suerte entre gitanos, jajaja, o recordando a mis propios compañeros que casi se ponen a llorar viendo a Rata Blanca, mientras yo saltaba con los señoritos de Keane (sí, un placer terrible de culpable) en el Vive Latino… ninguno podía andar sacándole en cara nada al otro, todos éramos unos mamones.

Así es como cuando opinamos, podemos expresarlo de distintas maneras, unos más enciclopédicos, otras más apasionadas, pero en el fondo demostrando una admiración que consume por igual. Hace rato que dejamos de ser solamente las inspiradoras de la música, solo las groupies que se acostaban con los músicos “para saber cómo se sentía la fama”. Ahí están Anneke, The Runaways, Joan Jett –todas ellas por lo demás con una gran cuota de liderazgo- y quizás por eso mismo esa explosión de bandas en los 90 como Elastica, The Breeders, en el lado más pop, hasta las mismas Sleater Kinney, L7 o, por qué no, Hole. Ninguna de ellas traía una pataleta obvia como consecuencia del chiste en que se convirtieron las minas para otros minos que se pintaban como mina en los 80, pero sí querían transmitir sus mensajes, dejar en claro que querían decir cosas, como cualquier grupo de rock lo haría.

El tema me rondaba hace mucho tiempo en la cabeza. Y aún sigo pensando que es bien difícil de abordar. Puede ser que las mujeres todavía nos notamos mucho en esta tribu en la que predominan los varones, y por eso se habla del llamado “poder femenino”. Pero en verdad, ¿somos tan diferentes a la hora de “amar (u odiar, dependiendo del caso) con tanto fervor una pieza de música, que llega a doler”? Todos pasamos por procesos más o menos similares. Unos, con una familia rockera que dio las bases para el conocimiento que tienen; otros, que tuvieron que bancarse las miradas y los regaños frente a una estigmatización social estúpida de que el rockero es un drogadicto o alcohólico ocioso y satánico. Todos somos parte del mismo rock. Y entiéndanme, que sólo estoy hablando de rockeros y rockeras, los mismos socitos y socitas que forman parte de este club. No estoy apelando por los derechos de la mujer, ni los femicidios, ni del rol de la mujer en la sociedad. Porque esa es harina de otro costal. Sólo que en el rock, y para cerrar con un buen cliché, somos cómplices del mismo crimen, participantes del mismo ritual y gozadores de la misma fiesta. Hasta recuerdo la química de The White Stripes, que el mismo Jack White explicó en un artículo. Decía algo así que él se preocupaba mucho por los detalles del sonido, las técnicas, y que por eso mismo se ponía celoso de Meg porque a ella le preocupa que la canción le provoque emociones. Si no es así, entonces no es una buena canción. Pero al final de cuentas, si no estuviera presente alguno de los dos en la banda, no sería lo mismo. Quizás sería lo mismo en esta extraña dinámica de los rockeros y las rockeras, ambos queremos expresar nuestra pasión, la misma pasión, sólo que a medida propia. Escriban sus comentarios y no se queden en silencio, porque este también es su espacio y nos interesa saber tu opinión. ¡Participa!

María de los Ángeles Cerda