Archivo de Marzo de 2008

Justicia para la música

Martes, 25 de Marzo de 2008

Esta vez escribo por algo especifico. Encuentro que de verdad es un ‘tema’ a tratar respecto a lo que sucede acá en Estados Unidos en cuanto a la compra de tickets para los conciertos por Internet. Esta mañana me sentí más que frustrada al querer comprar mi entrada a Maiden, para el mes de mayo en el Concord Pavilion, CA. Esta vez queria en el Pit, porque obviamente es muy diferente asistir a un concierto en cancha que a la cresta en el estadio.

Este fue mi epopéyico y frustrado intento de comprar la entrada:

a) Despertarme 1 hora antes para asegurarme de comprar mi ticket en el pit (cancha) por internet en www.ticketmaster.com que comenzaba la venta a las 10:00 am.
b) Estar 40 minutos pegada al computador, dale que dale tratando de decifrar las famosas ‘capcha’ que parecian escritos arabicos.
c) Finalmente conseguir la entrada para que después cuando estaba a punto de comprarla con mi tarjeta de crédito me saliera un maldito mensaje que decia ‘I’m sorry, you run out of time’, o sea, perdí mi entrada, y de ahí fue imposible comprarla ya que se ‘AGOTARON’ las del pit, y las otras opciones eran donde el diablo perdió el poncho que no es gracia alguna.
d) Las entradas acá no se agotan porque los fans las compren de una (¿se imaginan, en un lapso de 20 minutos estaban seudo agotadas?) es porque los revendedores, que son toda una mafia acá hasta legal creo (¡cosa que encuentro insólita!), son los que compran la mayoría de las entradas, y las vuelven a vender en los cientos de sitios web, incluso en e-bay, y  revenden las mismas entradas 2-4 o 5 veces sobre el precio original. Encuentro que no es justo, ¡es una burla!

¿Qué tengo que hacer para poder comprar la entrada que yo quiero en este país?, la huevada termina siendo una lotería porque el computador te da la entrada ‘best available’ que termina siendo casi que la de la punta del cerro o ¡detrás del escenario! o ¿tengo que pagar 300 dólares? ¿Quién se beneficia con todo esto? ¿por qué no hay una ley? Si los músicos, bandas y grupos están involucrados en esto, me decepcionaría demasiado, porque encuentro que es una forma de aprovecharse de la gente, a quien le deben todo, porque sin nosotros no serían nadie.

Keku Pavlovic

Nunca caminarán solos

Martes, 18 de Marzo de 2008

fútbolAún quedan cenizas de la venida de Iron Maiden, es que siempre hay excusas para seguir hablando de ellos, es más, siempre habrá excusas para hablar de rock y de fútbol. Si, de rock y fútbol, estos dos valores que movieron al siglo XX hacen recordar viejas leyendas que existen entre el deporte rey y el viejo y querido rock and roll.

Como ya muchos lo saben, Steve Harris, en su período de adolescente inquieto, se fue a probar en las inferiores del club inglés West Ham United. Aquel muchacho y futura estrella del balompié se adjuntó a las filas del club durante ocho meses. Hasta ahora Harris mantiene vigente el delirio futbolero. En cada lugar que visita, junto a sus compañeros de banda, se da un tiempo para jugar un partido de fútbol, y además ocasionalmente se presenta para actos de beneficencia en donde puede mostrar sus lujos con la “redonda”.El mismo Harris ha declarado en diversas ocasiones que su futuro como futbolista era incierto, optando así por el camino de las cuatro cuerdas, que a la larga el tiempo y la vida le dieron razón.

Nos alejamos un poco de Iron Maiden pero, continuando en la vieja Inglaterra, un puerto de aquel país proliferó con el desarrollo de la Revolución Industrial: Liverpool, cuna de la cultura de principios de los años 60. Con este movimiento social y cultural aumentó la popularidad y la efervescencia del club de fútbol Liverpool. La escuadra del puerto llegó a conseguir cinco títulos europeos y 18 ligas locales, por lo tanto es una de los equipos más populares en todo el globo.

Entre sus millones de fanáticos se encuentran los genios de Pink Floyd. Cuenta la leyenda que en pleno período de la grabación del multi conocido disco “Dark Side of the moon” lo único que impedía su grabación, eran los partidos del Liverpool, donde jugaran y a la hora que fuese ellos hacían un alto y veían el partido del club de sus amores. Tanto es el fanatismo de los Pink Floyd que en el epílogo de la canción ‘Fearless’ del disco “Meddle” incluyen el clásico canto de la hinchada de los “reds” (como se conoce popularmente a Liverpool F.C), el famoso “You’ll never walk alone” que en español se traduce como “nunca caminarás solo”.

En este lado del hemisferio nos encontramos con Luis Alberto Spinetta, quien nació y se crió en el barrio de Nuñez, muy cerquita del Estadio Monumental de River Plate. No hay que ser muy hábil para descifrar que el “Flaco” Spinetta es un declarado hincha hasta la médula del club de la banda sangre. ‘El anillo del capitán Beto’ es una canción del disco “Invisible” donde hace claro hincapié su fanatismo por River Plate. El capitán Beto es gran parte dedicada al insigne y talentosísimo jugador que tuvo River Plate en los años 70 y a mediados de los 80, Norberto “Beto” Alonso.

Deben ser cientos y miles de ejemplos donde se juntan deporte y música. Lo que queda claro es que ambos se juntarán es más de una ocasión para tomarse de la mano y nunca caminar solos.

Álvaro Cartagena

Queensryche a través de los ojos de una extraña

Miércoles, 12 de Marzo de 2008
The Fillmore, San Francisco, California
26 de febrero de 2008
queensryche queensryche

Esta vez el mítico teatro “The Fillmore” de San Francisco me abría sus legendarias puertas. Todavía se podía percibir la embriagante energía psicodélica que dejaron impregnada grandes leyendas tales como The Doors, Led Zeppelin, The Grateful Dead, y Janis, entre muchísimos otros, por sólo nombrar algunos. Por un momento perdí la noción “espacio-tiempo”. Me sentí teletransportada a otra dimensión. No lo podía creer, era como si el tiempo hubiese retrocedido, o mejor dicho se hubiese quedado estancado en los mismísimos 80’s . Se podía oler en el ambiente ese espíritu rebelde, ese olor a cuero y a perfume barato. Me sentía una espía dentro de este mundo cuasi surrealista.

Bellas mujeres (que podrían ser mi madre), cubrían con maquillaje excesivo el paso del tiempo sobre sus rostros. Sin duda, más de alguna de estas aún esculturales mujeres de cabellos escarmenados, escotes descarados y pantalones ajustados a la cintura, pudo haber sido groupie en sus tiempos de gloria, o tal vez estuvo (o soñó con estar) en las portadas de Playboy. Ahora no les quedaba más que el recuerdo, la silicona y la compañía de sus barrigones maridos “Hair-metals”, ahora calvos.

Los asistentes; la gran mayoría con más de 4 décadas a cuestas, lucían expectantes y con un aire infantil en sus caras llenas de exaltación, cosa que me provocaba una mezcla de ternura y melancolía. El Fillmore poco a poco se convirtió en la fuente de la eterna juventud. Esta ocasión para ellos significaba revivir el mejor periodo de sus vidas. La vibra del lugar era increíble, y el olor a alcohol, mezclado con exóticos aromas, envolvía el ambiente en un trance místico. Desde uno de los balcones, saludó un irreconocible Don Dokken, y como rey sin reino, bajó rápidamente y se instaló sin bombos ni platillos en el escenario para tocar un set acústico, junto a su actual acompañante Kelly Keeling (quien ha tocado junto a Alice Cooper y la Transiberia Orchestra).

No podía creer que este señor solía ser el esbelto y rompecorazones Dokken, quien tuvo grandes éxitos como “Into the fire” y “Dream warriors” que fueron parte de la banda sonora de la ahora de culto “Pesadilla 3” o entre otros éxitos, “Alone again”, que fue mi canción favorita de su presentación. Ahora lucía bastante alicaído, pero a pesar de esto, sus fans incondicionales le gritaban “I love you” histéricamente cada cinco segundos. Una de las cosas que me llamó la atención, fue su faceta de comediante (bastante fome por lo demás, ya que entre canción y canción no paraba de dárselas de chistoso) y también su comentario acerca de cuan efímera es la belleza física y que él nunca pensó que algún día terminaría viéndose así y que hace poco se había dado cuenta de que al final, lo único que importa es lo que se lleva dentro.

Musicalmente hablando, aunque en dos ocasiones se le olvidaron las letras, todavía se sentía esa pasión y su aún buena calidad de timbre vocal, hacía que todos disfrutaran de esta apertura. Keeling, por su parte, también dejó claro su dominio y potencia como guitarrista. “Dicen que todo tiempo pasado fue mejor” y justamente eso era lo que se sentía en el ambiente. Después de terminada la performance de Dan Dokken, un gordo, al parecer el tour manager, salió a escena para comunicar que Queensryche tenía un concurso para los fans locales que fueran vocalistas de alguna banda. El concurso consistía en que dos personas previamente seleccionados por una emisora local, se debían batir a duelo cantando “Neon spirit” de Sabbath. El ganador elegido por el público compartiría escenario e interpretaría nuevamente el mismo tema de Sabbath, pero esta vez junto a Geoff Tate antes que la velada se diera por concluida y a la vez, clasificaba para seguir compitiendo por el premio mayor que consistiría en colaborarles vocalmente en su nuevo disco.

Después de haber escuchado las respectivas performances de monigote A y B, pensé que toda esta parafernalia era una tomadura de pelo, una broma de mal gusto ya que todo esto parecia mas un capítulo de los Simpson que un concierto de rock. Pasado ese patético entremés, finalmente se apagaron las luces para dar comienzo a una de las experiencias musicales más intensas y emocionantes que he vivido. Geoff Tate apareció entre tinieblas, con gafas oscuras vestido con un vest y pantalones de tela negro y zapatos muy elegantes, estilo italiano. Me sentía en la dimensión desconocida. Los efectos de luces y sonido me envolvieron por completo dentro de esta nebulosa de misterio en la cual caí rendida.

Como un dardo “Burning man” del album Q2K, inyectó a los presentes una sobredosis de estimulación auditiva non stop. Simplemente estaba estupefacta, yo figuraba boquiabierta, con las pupilas dilatadas y sin mentir el corazón a mil. Geoff Tate era capaz de transmitir cada palabra que salia de su boca con tal intensidad que causo en mi una explosión de imágenes y sentimientos. “The lady wore black”, “The killing words”, “Gonna get close to you”, “Eyes of a stranger”, “Last time in Paris”, “NM 156” entre otras. Cada canción era una historia que se colaba por mis poros a tal punto de convertirme en una especie de “medium”, haciéndome pasar por todos los estados anímicos habidos y por haber. No podía despegar los ojos de Tate: su expresión facial, su teatralidad, sus brazos musculosos y sus axilas carente de vello lo hacian lucir como un ser mitológico, una especie de fauno predicador. La comulgación entre banda y público era magistral.

Rockenfield le daba duro a al gigantesco set de batería y platillos, Wilton-guitarra y Jackson-bajo se veían religiosamente dedicados a lo que muy bien sabían hacer y llevan haciendo hace ya 27 años, Stone, también guitarrista, el único miembro no original al que no pude evitar que aparecieran las comparaciones y la sombra de De Gamo, quien le entregaba a la banda una dosis de frescura y jovialidad.

Monigote A, el ganador reapareció siendo “el weon night”, perdón, jaja, digo cantando nuevamente su atropelladísima versión de “Neon night”. Tate se reía y movía la cabeza como pensando “Al weoncito que me pusieron al lado…mierda…” y cantó casi desde el backstage dejando que monigote A con su pinta Halloweenescahardcoretrashneogoticaindustrialblackdoometal tuviera sus 5 minutos de fama, pero no le duró mucho, ya que el mega terraplen de su supersónica bota de charol se partió en dos y se cayó como saco de papas sobre el piso, llamando la atención del gordo tour manager quien más que ligero lo saco volando de un brazo fuera del escenario.

Para finalizar la sensorial velada tocaron “Welcome to the machine” de Floyd, y Tate se lució con un bellísimo solo de saxo y terminaron con la épica “Empire”. Ellos dejaron claro que su música va más alla de lo auditivo; es social, real, es contingente: ira, odio, amor, soledad, venganza, arrepentimiento, libertad, pena, remordimiento, felicidad, temor, traición… cuestionamientos e incertidumbres humanas. A mi alrededor algunos lloraban. Yo también lloraba, pero no de histeria ni fanatismo, sino porque me sentía conmocionada por el supremo poder de la música. Esta vez, a diferencia de otros conciertos de Queensryche, no hubo actores en escena ni material visual. Los actores fuimos nosotros.

Keku Pavlovic

Bob Dylan no está allí

Lunes, 10 de Marzo de 2008

dylan“No estoy allí” recalca Dylan en “I’M Not There”, la película sobre su vida, y pone a más de treinta tipos a cantar por él, dejando que otras voces se desangren a través de su canción.

Pero, ¿dónde está este Dylan? De momento, se pasea por tierras americanas, cada vez más al sur del Río Grande. En México arrendó por unas horas las instalaciones de un gimnasio y practicó sus mejores golpes contra una bolsa y una pera de entrenamiento. El instructor que lo acompañó dijo que el tipo se manejaba, y que sabía lo que hacía. ¿Estaba Bob ahí, repartiendo golpes, o era nada más que Zimmerman intentando mantenerse en forma para que el otro yo saliese airoso sobre el escenario? ¿Hay manera de saberlo? Claro, para el fanático local, queda la esperanza de reservar algunas horas de ring en el Club México (San Pablo con Manuel Rodríguez), a ver si se tiene la suerte de intercambiar algunos rectos al mentón con el archiconocido “poeta del rock”.

¿Cómo es eso de Rock y Poesía? No lo dudemos: Dylan selló con sangre un pacto que unió las ásperas guitarras con la electricidad del verso. Pero que quede claro que no se trata sólo de haberle dado contenido a algo que comúnmente se tarareaba o se bailaba. La poesía es ante todo ritmo y melodía. Claro que el mensaje es la otra ala de este pájaro, pero los ingredientes primarios de la poesía son: el cómo suene, el sonsonete de la palabra, el aliento que lleva cada sílaba, el susurro, el desgarro o el grito manejado por una consciencia. Y es lo que desde un inicio Dylan agregó al salvaje estilo. Poesía es primero que nada un modo de decir, no sólo es decir algo. ¿O por qué creen que las respuestas a las hondas inquietudes sociales y existenciales están soplando en el viento?

No en vano, uno que sufrió en carne propia la influencia dylaniana lo dijo con todas sus letras. Me refiero a John Lennon, que declaró que “no hace falta oír lo que dice Bob Dylan, lo importante es cómo lo dice”. La cita viene con trampa, ya que el mensaje y la potencia de lo que viene a decir se lleva más de la mitad del tonelaje de esta bestia. Es claro que buena parte del poder está en su voz, y en su verbo. Es más: es su sonido entero el que da vuelta todo y se convierte en ese vendaval que llegará en unos días hasta acá.

No en vano ha sido postulado un par de veces al premio Nobel. Y el tipo es tan bueno que capaz que no se lo den, como ya pasó con Borges, o como sigue sucediendo con Nicanor Parra.

En cualquier caso, Dylan insiste con el “I’M Not There”. Estará entre nosotros y a la vez no estará. El personaje y la persona. Uno cantará para nosotros, en la periferia de unos tiempos demasiado modernos. El otro seguirá ensayando sus mejores golpes en algún galpón perdido en un barrio lleno de blues.

Urbano Matus

Deuda saldada: Iron Maiden en Colombia

Miércoles, 5 de Marzo de 2008
Parque Metropolitano Simón Bolívar
Jueves 28 de febrero del 2008

La esperadísima gira “Somewhere Back In Time World Tour 2008” de las leyendas británicas Iron Maiden había dejado por fin caer una fecha en territorio colombiano. Años, por no decir décadas han esperado incondicionalmente los fans nacionales por ver a estos íconos del metal y del rock en general. Sin embargo, como dicen por ahí, “no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista”. A finales de octubre del año pasado la noticia corrió como un virus cuando se confirmó… la bestia nos visitaría, con un aliciente, su presencia se efectuaría en el marco de una gira fastuosa que rememoraría el dorado pasado de la banda, más precisamente el de sus primeras obras en los años ochenta. Con estos elementos puestos sobre la mesa este concierto en la capital era totalmente imperdible.

Desafortunadamente no pude alcanzar una de las preciadas boletas que se pusieron a disposición en Internet a “dos minutos de la media noche” de un día de noviembre pasado. Ya fuese por la conexión en la red o mi tarjeta de crédito aquello pareció colapsar y no quedo de otra que hacerse a la idea de ver a la doncella desde un lugar más lejano. Después las mismas boletas platino que por un tiempo parecieron agotadas reaparecieron con un injusto incremento en su valor del 200% y ya para ese momento la billetera no respondía. Cosas de la organización, con sus etapas y estrategias de venta las cuales no son equitativas y no ofrecen ventajas al comprador.

Varios seguidores del grupo se apostaron en carpas días antes del evento en el Parque Simón Bolívar, sin importar la distancia que tuvieron que recorrer y los lluviosos días previos. Aquello más la impresionante demanda de entradas por parte de la gente (desde los más devotos fans hasta personas que sencillamente no querían perderse este suceso) presagiaban un concierto a reventar. Se hablaba de que 45.000 personas presenciarían el espectáculo, al final me pareció ver más de esa cifra junto a mi.

A las ocho de la mañana de aquel jueves que pasará a la corta historia de los shows internacionales en Colombia, ya caminaba por los alrededores del Simón Bolívar. Centenares de personas se agolpaban contra la reja en una semifila que más semejaba un ejercito de uniforme oscuro con un escudo bastante visible: Eddie, la fiel mascota de la banda que en diferentes escenas ha desfilado por cada uno de los álbumes del conjunto a lo largo de su historia. Así pues camisetas, chaquetas, gorras, manillas y hasta un fan disfrazado del mismísimo Eddie ataviado de cadenas con el que todos se querían fotografiar vi por allí. El ambiente era agradable con la frescura de la mañana, ya que el rock and roll es eso, una fiesta. Tras mucho caminar y no encontrar a nadie conocido en el panorama llegué hasta la calle 53 dos semáforos arriba de la avenida 68 y me senté a esperar a mis amigos como ultimo de la fila. Solo cinco minutos después me incorporé y observe que la fila detrás de mí ya había avanzado una cuadra y media más. Increible.

El día siempre estuvo encapotado amenazando una lluvia terrible y pese a las ligeras lloviznas aun no nos mojábamos en serio. Tres de la tarde, comienza el movimiento en la fila, con todas las penurias del caso cuando uno no es vip, prensa o amigo de los organizadores. Empujones, caos y ansiedad general por ingresar cuando antes. La requisa como es habitual en estos eventos se podría comparar con una visita a una prisión. Ahora aparte de la manoseada habitual por parte de las autoridades policiales, enseñar la billetera y despojarse de los zapatos se le pide a los asistentes retirarse las medias e ingresar descalzos. Denigrante, pero vistos los cuchillos, patecabras y alcohol decomisado en las noticias lo próximo sea desnudarse previamente antes de un espectáculo de esta carácteristicas.

Cinco de la tarde y ya estamos adentro. El aforo ya esta como al 70% de lo que finalmente fue. Nos acomodamos al lado izquierdo de la plaza de eventos en las graderías más precisamente. De inmediato me doy cuenta que estoy bien lejos de la tarima lo cual me entristeció un poco, pero bueno finalmente estaba dentro de la fiesta. Solo esperaba que el sonido fuera al menos decente ya que en este parque los conciertos, y lo digo en especial por el festival Rock al Parque se caracterizan por la pésima calidad del audio. Es en ese instante cuando el agua se nos viene encima y luego, pequeños trocitos de hielo, o más conocido como granizo nos reciben. Me acordé del sabio consejo de mi madre de que llevará una bolsa para protegerme, en este caso una de la basura, la cual recomiendo por encima de los delgadísimos plásticos que se venden por allí. El oscuro e improvisado “paraguas” me permitió no terminar como algunos asistentes que estaban totalmente emparamados congelándose.

Cuando el “Doctor Doctor” de los ingleses UFO empezó a sonar en la plaza ya sabíamos que Iron Maiden se encontraba listo tras el gran telón. Faltando diez minutos para las ocho de la noche las luces en el parque se apagan y a continuación las pantallas contiguas a la tarima (ya que las dos posteriores estuvieron de adorno y nunca sirvieron) nos muestran un clip de bienvenida a la gira “Somewhere Back In Time World Tour 2008” entonces lo que miles de colombianos y algunos extranjeros esperamos por casi treinta años…“We shall go on to the end, we shall fight in France, we shall fight on the seas and oceans…” el vehemente discurso de Winston Churchill acompañado del sonido de motores de aeronaves ya retumba sin que aun me lo creyera, a continuación las cortinas se corren y los seis miembros de Iron Maiden aparecen descargando “Aces High” en un escenario decorado en plan egipcio similar al de la era del “Slavery Tour”. Histeria colectiva en el parque, emoción total para esa enorme masa que tanto merecía esto. Y yo como siempre con esa voz que me dice dentro de mi “mira, realmente existen y no son muy diferentes a los de las fotos…”

Hay que decir que este primer tema junto a “2 Minutes To Midnight” que le precedió sonaron bastante regular. No obstante la energía de la gente y su efervescencia no los hicieron parecer tan terribles, finalmente el grupo estaba ahí y ya nada los podía detener. Bruce Dickinson saluda a la gente y de inmediato menciona que el show de esta noche es histórico tanto para la banda como para el publico. La larga espera había finalizado y habría valido la pena, el show de esta noche iba a ser especial. De repente desde la primer fila aparece una enorme bandera colombiana, y cuando digo enorme es que se fue distribuyendo por encima de un buen numero de personas y desde atrás se veía sus generosas dimensiones. Esto de inmediato llamo la atención del vocalista que mencionó que era la bandera más grande de Iron Maiden que había visto en toda su vida y tomándola con la ayuda de sus compañeros la subieron a la tarima. A su vez Dickinson afirmó bromeando que serviría “para tapar al feo de Nicko (McBrain)”.

“Revelations” sonó preciosa, es un gran tema melódico del conjunto y denotó que el sonido empezaba a cuajar. Como si la cosa no fuera mejorando a cada minuto tras finalizar dicha canción el telón de fondo se mueve y aparece aquel en que Eddie ataviado con uniforme de soldado británico empuña una roída bandera del Reino Unido. Lo propio haría el cantante quien como en aquellos videos que tantas veces vi, se sube por una de las plataformas del escenario para interpretar “The Trooper”. El riff es sencillamente genuino y la forma de llevarlo a escena por la banda, en especial por su cantante lo convierten en todo un himno de guerra. Este sin duda es uno de los momentos más especiales del concierto y sé que no se borrara de la mente de muchos en toda su vida. Si uno no se alcanza a recuperar de la sensación que es ver esto en vivo, es allí cuando te terminan de atontar con la intro de “The Number Of The Beast”. Acá empecé a cantar a todo pulmón, este es uno de mis temas favoritos de Iron Maiden y con el ambiente de alegría que imperaba no revelar ninguna expresión me haría inhumano. El sonido que nunca llegó a ser excelente ya era muchísimo mejor. Además una banda de esta trayectoria no podían fallar en su actuación. Esta canción movió de manera impresionante al publico que ya estaba caliente.

Desafortunadamente nada es perfecto y al iniciar “Wasted Years” las luces del parque se encendieron. Esto bajo un poco la nota, ya que la idea es apreciar las luces que trae la banda y el impresionante escenario. Aquel desagradable acto es como si a usted le encendieran las luces dentro del teatro en plena función de una película. Nunca las apagaron de nuevo y viendo en la parte posterior del lugar que varias personas entraban corriendo en grandes grupos de inmediato me percate que como es habitual en este país donde la falta de cultura pulula, estos individuos se estaban colando. Una pena, ya que no es justo con los que pagaron por su entrada además que por orden seguramente de la policía dichos postes eléctricos se debieron encender por el resto de la presentación, con lo cual ya la vibración no era la misma.

Los fondos del escenario se rotaban para ambientar los temas. En “Wasted Years” Dickinson se refirió de nuevo al tiempo transcurrido sin que la banda tocara suelo nacional. Este tema sonó potente y vimos el buen manejo en guitarras de Adrian Smith. Turno para la formidable “Can I Play With Madness”, un tema tremendamente efectivo que hizo de nuevo mover a todos los presentes con un McBrain que aporrea su set de batería con un calma total pero eso si, mucha precisión. A continuación de nuevo el cantante se toma un respiro para hablarnos de que cuando piloteaba el avión de la banda de camino a Colombia podía ver las grandes montañas y pensaba en los cóndores. Hizo un símil entre estas aves y los albatros para darnos una introducción a la épica “Rime Of The Ancient Mariner”. El grupo la interpreto completa, más de diez minutos de técnica pura. Debo reconocer que ese intermedio instrumental en que el humo se toma la tarima simulando la neblina me puso la piel de gallina y el cierre fue simplemente brutal.

No hay tiempo que perder, este grupo no aburre pese a lo largas que puedan ser algunas de sus composiciones. Ya esta de nuevo arriba de una las rampas del escenario Dickinson con aquella mascara faraónica cantando de manera impecable “Powerslave”, sensacional el trabajo de los tres guitarristas en lo rítmico y en el acople de los solos. Luego llega el momento para otra de las más esperadas por la gente “Run To The Hills” la cual venia tarareando en la espera de la fila y que por fin podía escuchar de manera fidedigna. Sensacional ver a Steve Harris cargando su bajo con mucho estilo y empujando a su banda en esta canción, un clásico total de la bestia. Para “Heaven Can Wait” como es tradición, los músicos permitieron a un grupo de personas subir a tarima para entonar juntos dicho tema. Espero que los que vi por allí saltando hayan sido reales adeptos a Iron Maiden y no los mismos faranduleros de siempre como sucedió por desgracia en el concierto de Suicidal Tendencies.

En este punto se rompió lo establecido. Es decir echar un repaso algunos de los temas insignia de los años ochenta. “Fear Of The Dark” perteneciente al disco del mismo nombre editado en 1992 irrumpe con el apoyo de los miles de espectadores. Sin palabras. La gente se sabe entera esta canción y Dickinson dejo que los presentes la cantaran en su primera parte. Si bien nunca ha sido uno de los temas que más me gusten del grupo, esta noche la canción echo chispas de principio a fin y la gente pagó con un enorme aplauso su inclusión en el repertorio. Se mueve el trasfondo de nuevo y llega “Iron Maiden” un tema vibrante, corto y poderoso. En el pudimos apreciar la esperada presencia de Eddie. El simpático personaje se presentó con su atuendo futurista de la época “Somewhere In Time”, caminando relajado de un lado al otro del escenario, se tomó unos segundos para echarnos a todos un vistazo con su poderoso ojo láser y después de percatarse de lo bien que sus amigos tocaban se marchó tranquilo a los camerinos. Sinceramente desde muy pequeño quería ver a Eddie en vivo, es todo un símbolo del rock. Ahí estaba él visitando Bogotá después de todo, no obstante, desconozco la razón por la cual se presentó así y no en plan momia para coincidir con el decorado del escenario como figuraba en el “Slavery Tour”. Pero bueno, ya lo sé también…Eddie existe y no es muy diferente al de las fotos.

Dickinson que nunca paró de saltar, correr de un lado al otro de la tarima y animar a los asistentes para que cantaran y la pasaran bien se despide junto a sus compañeros. Hasta la próxima será y se apagan las luces en el escenario. Me llamó la atención ver la gran cantidad de gente que empezó a abandonar el sitio de inmediato, como si nunca antes hubieran ido a un concierto y no supieran lo que es un “encore” o “bises”. Parece que lo mismo le paso al vocalista ya que pocos minutos después la doncella regresa con nuevos bríos para lanzarse sobre “Moonchild” preguntando a los que se marchaban: “¿Están locos…no quieren oír un poco más? Dave Murray empieza a tocar una guitarra acústica para entrar más adelante con la eléctrica, en un tema de línea lenta y que fue ejecutado de manera brillante seguida de “The Clairvoyant”. Sin duda alguna otra gran composición y que junto a “Moonchild” nos refrendaron la calidad de aquel trabajo “Seventh Son Of A Seventh Son”.

Cuando todo parecía llegar al fin, el grupo interpreta “Hallowed Be Thy Name” otra gema en el repertorio de los británicos. Un tema sólido y que pienso fue una excelente elección para el cierre de un concierto inolvidable. Su versión fue emotiva y el final alargado un poquito por todos los integrantes que parecían no querer irse. Janick Gers jugueteaba con su guitarra como siempre lo hemos visto y el resto de miembros en cabeza de Dickinson felicitó a los presentes por su forma de cantar y energía demostrada. Tras despedirse de la gente sonrientes los músicos se retiraran tras dos horas exactas de presentación completamente satisfechos. Las luces del escenario se desvanecen y en el corazón queda esa sensación de alegría acompañada de un poco de tristeza por querer ver más. Finalmente han pasado casi 30 años ¿no?, ¿cuántos shows de Maiden nos hemos perdido desde entonces?

Los organizadores tuvieron un éxito total de taquilla, los asistentes se llevaron en sus cabezas un gran espectáculo; junto al de Roger Waters y el de Slayer muy seguramente esta es de las mejores presentaciones de las que ha sido testigo la ciudad. Y queda la puerta abierta para que esta gran banda nos vuelvan a complacer con su presencia en un futuro. Las leyendas de que Iron Maiden jamás vendrían a este país y que Dickinson le temía supremamente quedaron en el pasado. Es una verdadera tristeza comprobar que el grupo de personas que vi ingresando una vez iniciada la actuación lo hicieron sin boleta y lo peor de una manera violenta, atacando a la policía y destruyendo las mallas metálicas del parque. Así, los únicos que ganan son los enemigos del rock a los cuales estas personas sin duda alguna pertenecen. Lo más patético de todo es ver a varios de estos delincuentes salir en los noticieros diciendo orgullosos que habían accedido al concierto sin boleta. Los medios de comunicación obviamente hacen un banquete con estas informaciones negativas, donde la calidad del artista y el comportamiento de los que estábamos adentro pasan a segundo plano. No faltaran los que pidan que este sitio no vuelva a ser prestado para este tipo de eventos como ya ha pasado con otros recintos capitalinos.

Pese a que en este país mucho siguen menospreciando el rock, ya sea por parte de empresarios y patrocinadores que no le ven una salida económica, pienso que Iron Maiden dio una buena lección hasta al más reticente con el tema. Siempre habrá esta peste disfrazada tras una camiseta, pelo largo y demás accesorios con un nulo amor por lo más importante: la música. Por eso se embriagan y cometen actos vandálicos en un acto de “heroísmo” para ellos, digno de la estupidez absoluta para los que realmente amamos este mundo maravilloso del rock and roll. Ojalá los organizadores estén más pilos con el tema de la logística para agilizar el ingreso a los conciertos venideros y la policía lleve un pie de fuerza mayor con controles más eficaces como anillos de seguridad para alejar a estos individuos que desean disfrutar sin pagar destruyendo todo a su paso.

En cuanto a la gente que asistió al show, una verdadera muestra de devoción y gratitud hacía una de las mejores agrupaciones de la historia. Esto se vio retribuido por la calidad musical y técnica del show. Sin duda esto marcará positivamente de cara a nuevos eventos. Puede que ya no estemos en 1985 y mucho menos en un lugar como Long Beach, California en aquel fantástico concierto que quedo inmortalizado en el afamado “Live After Death” que por cierto hace muy poco se editó en formato DVD. 23 años más tarde y delante de un buen numero de fanáticos colombianos que éramos muy pequeños entonces o sencillamente no habían nacido, Iron Maiden nos dio el chance de revivir ese pasaje mágico de su carrera musical. Si a esto le sumamos que era su tan deseada primera visita, pues creó yo que la deuda fue saldada con creces.

Alejandro Bonilla

Mi experiencia con Iron Maiden en Los Angeles, USA

Lunes, 3 de Marzo de 2008
Iron Maiden en vivo desde Estados Unidos
Martes 19 de febrero de 2008
The Forum, Los Angeles
eddielakers

Tengo el estómago apretado y estoy ansiosa. Mas de 7 horas de viaje en automóvil para estar acá, más de 7 horas de suplicio del cual fui obligada a escuchar música tropical bailable y cebolla por mis caribeños compañeros de viaje, a los cuales lo único que  quería era meterles un plátano frito por la boca para que dejaran de canturrear las clichesísimas letras de aquel género. Pero mis oídos al borde del autismo comenzaron a resucitar lentamente al escuchar a la distancia, familares riffs y beats. Frente a mis ojos yacia el imponente Forum, una especie de coliseo romano,  propiedad de una iglesia cristiana afroamericana donde se efectúan misas dominicales, y a la vez lugar donde el basketball es el deporte a adorar y Los Angeles Lakers el hijo pródigo.

Sin duda alguna, ninguno de estos “Metal-heads” está acá por el deporte.  El único deporte que importa en el “pre” es tomar cerveza en cantidades industriales, ya sea en lata, botella, beerbongs, Mugs o en lo que sea. Claramente tampoco nadie vino aca menos a rezar. Se siente la excitación colectiva,  los himnos Maidenianos revientan los estéreos de los autos estacionados. Los fans corean hiperventilados y sobreexitados a las afueras del Forum.  Brindan eufóricos, alzan lienzos, gritan, se abrazan, ríen etc. Es una verdadera fiesta, un arca de Noé, multiétnica y racial. Personas de todo el mundo y de todas las edades reunidos por este sexteto inglés, ídolos de multitudes.

¡Por la cresta!  ¡no se pueden sacar fotos! Me meto la cámara en el sostén, y logro entrar gloriosa. Luego, en la fila me piden el peligroso favor que esconda otra cámara, y sin pensar me la meto en el pantalón, como buena chilena me hago la tonta y me siento a fumar un cigarro, cuando de repente tres guardias de seguridad me atacan como perros rottweiler y me hacen dar vuelta la cartera,  me tocan entera nuevamente mientras todos me miran como si fuera una delincuente. Me preguntan una y otra vez que “que me pasaron en la fila” y yo obviamente haciéndome la mosca muerta les repetía una y otra vez de vuelta que nada, hasta que me dejaron en paz  sin descubrir mis íntimos escondites. Cagada de miedo, respiré profundo y me salvé de ser expulsada del concierto del año. Mal que mal  me satisfizo el hecho de haber violado la seguridad gringa.

Ahora solo quedaba pasar una puerta más. Hordas de gente a lo ganado caminaban uno detrás de otro adentrandose  a lo mas bíblicamente dentro del recinto. Hijos, padres, hasta abuelos y familias enteras se ven entrando. Treinta años de historia, tres generaciones  que se unen por la pasion de esta leyenda viviente del Metal. Me pone feliz ver como niños chicos lucen orgullosos sus poleras de Maiden y sus mini chaquetitas de cuero, de la mano de sus rockeras madres. Tíos, Primos, sobrinos, consuegros, pololos, amigos, etc., todos en patota. El estadio se empieza a llenar hasta que no queda espacio en blanco alguno.

Alrededor de 14.000 fans colapsan el Forum, 14 mil fans que gritan Maiden una y otra vez. Mi ubicación en la graderia es mejor de lo que yo pensaba, tengo una buena vista lateral. Se apagan las luces y comienza el frenesí colectivo. En la pantalla gigante comienza un video con imágenes del documental del Discovery Channel “Flying Heavy Metal”, en el cual Dickinson muestra sus aptitudes como piloto comercial e Oficial 1ro de la empresa Astraeus, y la afición en general de la banda por las materias aeronáuticas. Grito como enferma de la cabeza desde mi graderia, todos se levantan de los asientos eufóricos al escuchar el mítico sonido de las bélicas y epopéyicas  “Aces High” seguida de  “2 Minutes to Midnight”,  prendiendo a los 14 mil como pasto seco.

El energético Dickinson comienza el show comandando a la masa con su “Scream for me!”,  haciendo exprimir los pulmones del público. Pequeños problemas de sonido se notaron a lo largo de la velada, pero no aguaron la fiesta en ningún momento y por lo menos pasaron desapercibidos para nosotros los fervientes fans. En el escenario, dieciséis grandes éxitos, como “Moonchild”, “The Trooper” , “Wasted Years” etc., directo a la vena.  Y al igual que el nombre de esta gira mundial, “Somewhere Back in Time” , este se vestía de la era de mediados de los 80’s con un look egipcio a lo Powerslave Tour.
Los veteranos del metal, parecían veinteañeros, con su sólida puesta en escena y superdotadas aptitudes con sus respectivos  roles: Smith, Harris, Gers, Murray y McBrian, potenciados al máximo.

Dickinson, un showman, un comunicador innato, saltaba de un lado a otro atléticamente alentando al público, dejando el claro que el paso de los años es según cómo uno se toma la vida. Dickinson, patrióticamente alzó banderas de Inglaterra en “The Tropper”, vestido de soldado inglés. En “Fear of the dark” lució una túnica simulando a la muerte con una hoz  en mano, entre medio de humo. Se caracterizó con máscara tribal,  lució un par de excéntricos pantalones de pequeños espejuelos colgantes, y finalmente lució pantalones de cuero negro y polera negra apretada que hacian lucir  a sus casi 50 años su atlética figura a la perfección.

El público de cancha enloqueció en “Run to the Hills” formando un moshpit donde volaban patadas, codazos y golpes variados contagiando adrenalinicamente al resto. Una de las frases para el bronce de los variados speech de Dickinson entre canción y canción fue  “We are English, we don’t give a fuck about basketball” (“Somos ingleses, nos importa un carajo el basketball”) por el hecho de estar tocando en el hogar de los Lakers. Y como efecto sorpresa su mascota e ícono Eddie, apareció en version gigantesca saludando a las masas, llevando puesta irónicamente nada más ni nada menos que una sudadera de Los Lakers, haciendo estallar en risas al público.  Dickinson lanzó un par de carcajadas diciendo “Esto es lo menos Heavy-metal que han visto”, haciendo alusión que la idea de la escenita habia sido del manager.

Luego Dickinson volviá a comentar,  entre otras cosas, que este concierto era exclusivamente para los fans y no para los VIP y estrellas de Hollywood que estaban ahí sin haber pagado, y que a ellos les importaba un carajo esa gente. Dejaron en claro que ellos se deben al pueblo y no tienen nada que ver con farándulas. Ya era hora de que el show concluyera, pero por lo menos para los fans norteamericanos no habria que esperar años nuevamente para poder reecontrarse con Iron Maiden, ya que estarían de vuelta en mayo con otra sobredosis de Metal. ¡Así que aguante Chile! y ¡prepárense! Esta gira no ha hecho mas que volver a la vida a muchos, educar a otros dejando en claro que su historia reinará por siempre. Maiden es más que una leyenda.

Keku Pavlovic