Archivo de Octubre de 2008

Los clichés del rock: los Unplugged

Lunes, 27 de Octubre de 2008

nirvanaDesde aquellos nostálgicos años noventa, cuando el rock comenzaba a invadir vertiginosamente el enviciante y efímero mundo de la televisión gracias a MTV (para bien o para mal), comenzaron, también, a popularizarse los afamados unplugged, que no son otra cosa que series de conciertos “desenchufados” de bandas o solistas,  con la especial dinámica que este tipo de show brinda: la armonía, la intimidad, la pasión y todos los eufemismos que quieran ponerles, y luego televisados por la misma cadena. Desde entonces, el formato audiovisual unplugged vino para quedarse en el bohemio y ruidoso mundillo del rock.

Hagamos un poco de historia. Hacia fines de los ochenta y principios de los noventa, esta singular forma de presentaciones comenzó a tomar forma, invitando a artistas a tocar un par de temas en formato acústico. Músicos como REM, Sting, The Cure, Aerosmith, Poison, entre otros -que por lo demás estaban en la cima de sus respectivas carreras- pasaron por el programa que aún no dimensionaba su real popularidad. Sin embargo, desde las recordadas y míticas presentaciones de dinosaurios de la música como Paul McCartney y Eric Clapton, MTV paró las antenas y vio cómo ocupar esta fórmula maestra para brindar, por una parte, un buen show televisivo y de gran calidad musical y, por otra no menos importante, generar los dividendos suficientes para satisfacer los bolsillos del Sr. Redstone y sus secuaces. Así, a finales de 1992, Clapton alcanzaba sus mayores ganancias vendiendo millones de copias (logrando disco de diamante) de su larga duración “Unplugged”. Sin duda, este fue el punto de inflexión para que la empresa musical no tardara en institucionalizar una serie de conciertos de carácter exclusivo y transformarlo en un fetiche para los artistas más destacados y, por supuesto, más comerciales de aquellos tiempos. Pasaron los años y los “MTV Unplugged” se constituyeron como un fenómeno mediático para la industria televisiva: no había artista que se resistiera al llamado de algún productor, incluso, llegándose a traspasar las fronteras del imperio yanqui.

Cómo no recordar la mítica presentación de Nirvana en New York, que rompió todos los esquemas, al invitar a unos desconocidos Meat Puppets al escenario para tocar, precisamente, sus propios temas . Tampoco podemos dejar de mencionar una de las últimas presentaciones en vivo de los rearmados Alice In Chains, con un desalentado y demacrado Layne Staley que apenas poda recordar las letras, brindando un espectáculo realmente memorable (por contradictorio que parezca). ¿Qué decir, entonces, de la vuelta a los escenarios de unas leyendas del hard rock como Kiss, que llevaban separados más de una década y que iniciaron con este show, una gira mundial? Desde este lado del mundo, no se debe olvidar cuando nuestros coterráneos de Los Tres, los jóvenes rockeros oriundos de Concepción, otorgaron un verdadero show 100% desenchufado en los estudios de Miami, con el público vitoreando una desconocida  “cueca chora” del tío Roberto Parra y así, suma y sigue.

Desde ahí, el formato unplugged siempre ha estado en la retina de todo rockero que se jacte de tal, y se ha transformado, con el paso del tiempo, en lugar común para que la “guitarra de palo”, los bongos, las voces femeninas, los teclados, los sintetizadores, las velas, los saxos, los chelos, los violines, las flautas, los panderos y todo instrumento no convencional para hacer rock&roll  estén al servicio de los músicos, para así darle una nueva cara a sus canciones, en algunos casos transformándolas en versiones grandilocuentes, que superan, incluso, a la original, mientras que otros sencillamente caen en la ignominia. Ejemplos para dar hay muchos, obviamente todos desde una mirada subjetiva de quien les escribe, pero no tan alejado de la opinión pública. Un par de ejemplos. Por un lado, KoRn con su unplugged, quienes, sencillamente, asesinaron el ya inmortal neo-clásico “Blind”, un suicidio público que, por lo demás, contó con todos los clichés antes mencionados, lo que transformó al show, en sí, en una cosa bizarra, barroca y un verdadero ejemplo de mal gusto. Por otro lado, podemos mencionar el unplugged de Soda Stereo, banda que particularmente no me simpatiza, pero que se propuso una espectacular presentación, sino la mejor, al demostrar sacando unas electrizantes y envolventes melodías que, musicalmente, dejan por el suelo a sus versiones originales, y que también utilizó los elementos clásicos de todo set semi-desenchufado.

Desde otra perspectiva, y derivada de esta idea, nacen las sesiones acústicas, otro infaltable a la hora de hablar de clichés. Una especie de prima fea del unplugged, menos recursos, menos producción, pero con la misma intención: bajar los decibeles, rostros de tristeza, voz desgastada y sutiles arpegueos en la guitarra electroacústica, donde muchas veces el frontman toma total y absoluto protagonismo, mientras todos nosotros (los fans) tratamos de sentir el desaliento del msico, que intenta hipnotizarnos y arrastrarnos a su letargo (cabe mencionar que el 95% de las canciones acústicas son desalentadas).

A pesar de todo esto, y que hoy por hoy las versiones acústicas están a la orden del día, como bonus track en la versión vietnamita de algún disco o en la compra virtual de algún CD o como mini presentaciones en radios o TV, el UNPLUGGED, el cliché por excelencia de todo músico, nos seguirá siendo atractivo y, cómo no, si cada vez que buscamos nuestro tema favorito en la web o en algún programa P2P y, entre paréntesis, aparezca la fatal frasecita “live acoustic”, no esperaremos ni un segundo para dar el inconsciente doble clic.

César Tudela

¿Larga vida al rock and roll?

Lunes, 13 de Octubre de 2008

Escuchando discos de estos últimos años, viendo los conciertos de los grupos “nuevos” y, sobre todo, viendo quienes son, hoy por hoy, los “amados” en este universo del rock del cual somos parte, no puedo evitar fijarme que hay un cierto dejo de falta de ideas. Afortunadamente hay excepciones, como Muse y The Mars Volta, pero pareciera ser que el rock se está estancando un poco. Al respecto hay dos preguntas: ¿es cierto? y, si es cierto, ¿por qué pasa esto?.

Tomemos un par de antecedentes: hoy por hoy existe una cantidad de bandas abismante. Día a día la gente se atreve a tomar una guitarra y comenzar a tocar, siguiendo a sus ídolos; sin embargo, no ha existido un gran ídolo nuevo en todo este siglo. No existe un movimiento de masas como el de Led Zeppelin, Pink Floyd, Nirvana, Metallica, y tantos otros. Hoy los referentes del rock son los mismos que hace 15 años; es más, los grandes “dinosaurios” han vuelto a las canchas con todo. El asunto es que, si comparamos esta situación con lo que ocurría en los setentas y los ochentas allá en el hemisferio norte, nos podemos dar cuenta que lo que menos faltaba eran ídolos. Hasta el día de hoy nos siguen pareciendo impresionantes los carteles de festivales como los de Donington en 1988, pero todos sabe- mos que esos increíbles carteles no se han vuelto a repetir (y menos se han superado) en estos últimos 10 o 15 años. Y si vemos las últimas seudo modas que han tomado el rock, nos damos cuenta que en realidad son simples refritos de lo de hace varios años atrás. Aún me acuerdo cuando se tomaba a The Darkness como los posibles salvadores del rock, ¡cuando su música no era nada nuevo! Era entretenida, enganchaba, y tenían a un tipo muy divo como cantante, pero no era nada nuevo bajo el sol.

Entonces, ¿el rock se está estancando? Yo diría que a nivel masivo sí. Lo evidencia el hecho de que las bandas que se preocupan de hacer música distinta al resto aún no alcanzan niveles de masividad tan grandes como para iniciar un gran movimiento. Además, si consideramos la misma historia del rock, podemos darnos cuenta que la gran generación de sonidos nuevos fue hace ya muchos años, en una especie de “Big Bang” del cual hoy seguimos aprovechando (y admirando) sus restos.

Si es así, ¿por qué esto ha ocurrido? ¿por qué bandas como Queens of the Stone Age, The Mars Volta y Muse no han sido (aún) tan grandes como podrían ser? Eso es por culpa nuestra, de los auditores que escuchamos rock. O quizás debería ocupar otra palabra, porque ya casi no se escucha rock. La gente consume rock, consume las imágenes, va a los conciertos, se informa de cosas (muchas más que antes), pero ya no se sienta a escuchar un disco. Hace rato que ya no pasa. Hoy se eleva a un grupo por su actitud, pero del disco no se dice nada. Hoy se leen reseñas de festivales donde solo se nombra el factor emocional que produce estan allí, pero de la música nada. Y todo esto salta a la vista cuando uno lee en un review de un concierto se menciona la impactante puesta en escena, la gran actitud rockera de los tipos que estaban tocando, y la música pasa a segundo plano. Si nos fijásemos más en la música, demandaríamos otras cosas como auditores, amaríamos discos, odiaríamos otros, y estaríamos involucrados en algo. En 1991 aún no existía el mp3, así que el Nevermind había que escucharlo completo primero para despuéss poder ponerse a escuchar el tema que uno quería escuchar. Hoy no es así, hoy no hay nuevos ídolos, hoy la gente no soporta un disco con temas de 15 minutos. Hoy un tema con matices es desechado porque mientras se esta´ “escuchando” el tema la gente está viendo 5 o 6 páginas web a la vez mientras juega en el computador, de manera que no se concentra en lo que escucha, y sólo lo quiere escuchar más fuerte para poder sentir algo. Así las cosas, es difícil crear nuevas cosas, y toda nueva moda va ser un refrito de lo que haya pasado hace unos 15 o 20 años. Hace 5 años se tomó a los setentas como referente, hoy son los ochentas, y pareciera ser que el turno del grunge se viene lueguito.

Afortunadamente la oportunidad de cambiar las cosas está en nuestras manos. Hoy en día la industria discográfica vive momentos complicados, que pueden definir mucho de cómo se va a comercializar el rock en los años venideros. Es aquí donde nuestra palabra vale, porque nosotros consumimos rock. Es aquí donde podemos sentarnos a escuchar un disco, o un tema, y ver qué nos produce. Es ahora cuando podemos dejar de sentirnos confortablemente adormecidos y dejarnos llevar por la música que amamos.

Cristian Farías

La Anticritica

Lunes, 6 de Octubre de 2008

Estoy en mi casa escuchando los cortes de “Death Magnetic”. Suena bien, quizás demasiado bien, la verdad encuentro que es lo mejor que ha sacado Metallica en mucho tiempo; sin embargo no es mi intención criticar o hablar del material del disco, creo que sería hablar de lo mismo. La verdad mientras suenan los temas, me pregunto qué es lo que sucedió con la fuerza de los 90`s; ¿Adonde fue a parar el sentimiento de Cobain, del Thrash, de todo aquello sobre lo que se fundó mi gusto y el de tantos otros, por la música?

Y el sonido es el mismo, ¿pero es acaso el mismo sentido? ¿dónde está el feeling de Burton, de la rabia contenida de aquellos tiempos?; creo que es difícil encontrar algo de eso ahora. Si sé, puedo sonar duro con el gran trabajo de Hetfield y compañía pero, como ya dije, no es mi intención.

Lo que pretendo hacer en estas breves líneas es, simplemente, introducir el tema de fondo de todo esto y eso es, ¿necesitamos mantener la antigua agresión si es que esta es solo un sonido y no una real manifestación? Quizás es lo mismo que me ocurrió cuando supe que Rage Against The Machine volvía a las pistas, mi primer pensamiento fue “Por fin podré verlos”, pero luego la inseguridad, ¿Será lo mismo de antes?, ese motor inicial existirá todavía en la banda, será el catalizador para nuevo material o se quedaran en un “Killing in The Name” con gusto a poco.

Sigo explorando el disco, pero solo salen recuerdos de mis quince años, el “Nevermind” rompiendo los parlantes de mi pieza y Eddie Vedder diciendo que todo está bien si eres tú mismo. Lindas memorias, pero solo eso, nada de lo actual parece recobrar esas ganas de tomar una guitarra y hacer lo que el rock debe hacer por la gente: expresarse frente a lo que sucede (positivo o no, a gusto de consumidor). Nuevamente soy un poco duro con lo que sucede, han salido buenos discos lo sé, el “All Hope is Gone”  me lo dejó claro, como también el “Modern Guilt” de Beck. Ahí al parecer sí existe algo, más que una cuenta que saldar con los fans, algo que quizás Maiden podría enseñar a muchos de lso nuevos talentos “indie”.

Es que con este maldito revival de los 80`s con sabor a imitadores de Sonic Youth y Joy Division me ha puesto así, demasiado escéptico a todo; quizás tu también te sientes como yo o lo piensas mientras lees las líneas que escribo o, incluso, puedes pensar en lo que equivocado y amargado que puedo ser. Si es así, adelante, critícame, hazlo, pero no te quedes en la palabrería, demuéstrame que estoy equivocado,  escribe en tu blog, toma tus discos, encuentra el sentido que te mueve a escuchar música, toma las seis cuerdas y compone una canción, pero hazla desde adentro, no para el resto sino que para ti, quizás así también puedas entender a lo que me refiero. Yo mientras tanto seguiré buscando en mis discos algún otro recuerdo que no suene a un refrito de lo que ya se hizo. Keep on Rocking.

Rafael Cuevas

Patton: genio y figura

Miércoles, 1 de Octubre de 2008

patton“La locura es un placer que sólo los locos podemos disfrutar”. Pareciera ser que esta es la premisa para poder llegar a entender, en cierto modo, la mente inquieta de MIKE PATTON, porque claro, este genio (o loco si quiere llamarlo así), no nos deja acostumbrarnos a una de sus facetas musicales cuando ya está incursionando en otra, porque hay que decirlo, este hombre se pasea por el estilo que se le cruce en el camino, cualquiera, sin hacer asco alguno.

Para gente como yo, un tipo que gusta del rock, resulta una obviedad decir que Mr. Bungle o Faith No More son los proyectos magnánimos del Sr. Patton, pero tan solo basta que corran menos de tres segundos de esta aseveración cuando recuerdo ese gran disco llamado “The Director’s Cut”, de Fantômas, el proyecto de rock/metal experimental que junta a Dave Lombardo (Slayer), Buzz Osbourne (Melvins) y Trevor Dunn (ex-Mr. Bungle) en un mismo saco, para primero, musicalizar las viñetas del cómic Fantomas y después tomar canciones de clásicos del cine como The Godfather o The Omen para “refinarlas” en formato Patton. Y bueno, así después viene a mi mente el homónimo de Tomahawk, la propuesta pop de Peeping Tom o una de sus últimas incursiones, el soundtrack de un cortometraje llamado “A Perfect Place”, tres excelentes obras musicales con tres norte opuestamente distintos pero con un sólo hombre a la cabeza.

Sólo con la voz de Patton (y su peculiar carisma), en tu reproductor favorito pueden estar juntos y revueltos Björk, Sepultura, John Zorn, Norah Jones, Dub Trio, Massive Attack y/o Razhel. Sólo con Patton, ese hip-hop que otrora encontrabas tan antimusical, ahora puede parecer una interesante búsqueda de nuevos sonidos. Sólo con Patton, esos endemoniados tarros tan característicos del metal, pueden transformarse en una melodía que tus oídos pueden soportar e incluso gustar.

Sin embargo, el golpe de gracia de Mike, el que me dejó knockout, es su nueva apuesta, la de música orquestada (o clásica). Mondo Cane no es otra cosa que Patton más una orquesta de cámara interpretando clásicos populares italianos de los años 20 (donde también aparece, Roy Pasci, su amigo trompetista del proyecto Corleone), y por supuesto, dándole SU toque, personalizando esas canciones que sin duda nuestros abuelos o padres deben haber escuchado, completando así su prostitución en todas las gamas de música que quien les escribe conoce.

Señores, lo digo con toda la objetividad que estas palabras pueden tener, estamos en frente a un verdadero rey Midas de la música contemporánea, que si bien no todo lo que toca lo convierte en oro, todo lo que interpreta (o casi todo) se transforma en una obra digna de ser escuchada, y porque no, futuros clásicos de la música del siglo XXI.

César Tudela