Archivo de Julio de 2009

Mark Lanegan: The Dark Knight

Jueves, 2 de Julio de 2009

lanegan“Nunca subestimes el poder del lado oscuro”… una de las inmortales frases del villano más recordado de todos los tiempos es, sin duda, el resumen de 25 años de carrera musical de uno de los grandes vocalistas olvidados de la escena alternativa de Seattle, el hombre de la voz rasgada, profunda y deprimida, el hombre cuya musa descansa en lo más oscuro de la naturaleza humana, el amigo de todos, Mark Lanegan.

Vengo escuchando a Mark desde que vi su fugaz pero sólida aparición junto a Mad Season en The Moore Theatre, interpretando la magistral “Long Gone Day”, desde ahí, lo he seguido con admiración durante seis años y aún no paro de sorprenderme. Parece extraño, de alguna forma, seguir a un compositor cuya inspiración se encuentra en las profundidades de la desesperación, con una poesía perversa escrita luego de unos cuantos Jack Daniel’s y que luego es interpretada por una increíble voz. Tal vez, “solo soy un obstinado nihilista”, pero soy un convencido que su raspado barítono de blusero desdeñoso es una de las voces más cautivadoras jamás registradas en el último tiempo.

Lanegan es una especie de Tom Waits del grunge. Ambos, tienen una especie de mutación en sus cuerdas vocales que suenan como si alguien les raspase con una lija bajo la garganta. La diferencia está en que Lanegan es único en su capacidad para mantenernos expectantes. O simplemente aburrirnos. Su voz es demasiado intrigante y sus simples pero potentes letras son lo suficientemente ambiguas como para  aspirar a entender  la profundidad de su existencialismo. Mark se pasea con naturalidad sobre temas como su desencanto urbano (“Juarez”), o su fatal visión medio ambiental (”The River Rise”) o contándonos lamentables historias de amores perdidos (”Ugly Sunday”).  Sin duda, hay algo en su voz que trasciende los escombros de sus letras que profesan tal tristeza tan maravillosamente.

Lo de este tipo no es el rock ‘n roll, se trata de un honesto, apasionado e híbrido folk/rock/gospel. Por un lado, se aferra en la lucha contra el típico folk popular de sus tierras, siguiendo más bien la escuela de Leadbelly, Johnny Cash o Bob Dylan, y por otro, tampoco tiene miedo a usar las guitarras eléctricas, aunque muy sutilmente. En su vasta discografía, él y su banda han dominado el arte de la simpleza, y eso se hace evidente en sus temas, donde en algunos cortes encontramos violines, saxofones, teclados,  percusiones y samples que florecen como por gracia, sin pretensiones, dando el toque de distinción, como un lamento agridulce.

Con todas estas características, el entonces líder de Screaming Trees –uno de los grandes b-sides del Seattle de los ‘90s- ha sabido mantener su bajo perfil, que es el testimonio de su ingrato anonimato. Pareciese ser, que a Mark le gusta mantenerse a distancia, tras las líneas enemigas de la fama, casi obedeciendo a su fría personalidad marcada desde su juventud por problemas familiares y su respectiva salida en las drogas, lugar común de los ídolos de la pasada década. Su empatía se refleja claramente en sus presentaciones en vivo, donde el feedback con el público es escaso, por no decir nulo. El rito escénico se repite, tanto en sus presentaciones como solista cantando el más agrio blues, como interpretando el más eufórico hard rock con QOTSA, o fusionando su voz desgastada con la de PJ Harvey o Isobell Campbell… mano derecha sobre el micrófono, izquierda en el atril, ojos a medio cerrar mirando hacia abajo y en el transcurso de los minutos el infaltable cigarrillo…

Quizás fue justamente esto  lo que hizo que Kurt Cobain se identificará tanto en él y se transformará en su mejor amigo y confidente musical. Lanegan posee la misma fobia y rabia que su amigo muerto. Si la fama es la bestia que finalmente empuja a tipos como estos al borde del precipicio, Mark no tiene de qué preocuparse, porque posiblemente ya compuso el mejor disco de rock, el más popular y el más producido, y a pesar de eso, la mayoría de los mortales nunca han oído hablar de este auténtico caballero oscuro.

César Tudela