Archivo de Septiembre de 2009

El Cartel De Las Productoras Y La Dictadura Del Dinero: Música Y Lucro

Lunes, 14 de Septiembre de 2009

TicketsDurante el último lustro nos hemos ido acostumbrando (aunque creo que sería más correcto decir resignando) a ver en cada evento musical, independiente del género que sea, anglicanismos o latinismos tales como: Premium, VIP, Platinium, Golden Circle, entre otros, imponiéndose como una tendencia hacia al antidemocratización de la música y su difusión en vivo. No importa el público, no importa lo masivos que sean: sólo interesa el renombre del artista y la posibilidad de obtener el mayor beneficio posible a costa de aquello.
 
Para ver este fenómeno podemos plantearnos dos puntos de vistas básicos y necesarios. Por una parte centrarnos en la labor de CARTEL que han seguido las productoras, y por otro lado, en lo dóciles que somos como público. Luego, intentaremos hacer un breve y somero análisis de cada una de estas aristas.
 
Cuando hablamos del Cartel de las productoras hacemos alusión a la práctica impresentable que han venido construyendo en nuestro país, lucrando de manera desmesurada a costa de los que queremos ver shows en vivo. Representan un cartel en el sentido más puro de la palabra. Así como juzgamos públicamente la colusión de las diferentes cadenas de farmacias hace algunos meses, acá nos encontramos con un escenario similar. La diferencia: acá el consumo es puramente voluntario y en el otro, es decir el comercio de fármacos, se constituiría una práctica que atenta contra el derecho de toda persona de poder optar a una salud con precios asequibles. En definitiva, en una hay un basto derecho de opción, mientras que el caso famarceútico, se juega, en cierta manera, con la vida de las personas mediante la implantación de trabas para un consumo leal.
 
Sin embargo esa vital diferencia, el comportamiento, insistimos, es igualmente reprochable. Mientras que por regla general, en otros lados de Sudamérica (y por qué no hacerlo extensible a otras partes del mundo. Salvemos de esta excepción a EEUU, donde la práctica de la reventa hace de esto un negocio sin precedentes, legalmente amparado) no se hacen más distinciones que las básicas por ubicación dentro del recinto en el cuál se presentan los grupos; acá improvisan con ubicaciones privilegiadas o aumentan exponencialmente los valores promedio de estos conciertos en relación a esos otros países. No es un ejemplo al azar, que para el caso del show de Madonna, los precios referenciales de Chile fueran los más caros en el mundo entero. Este ejemplo se reproduce en prácticamente todos y cada uno de los shows de los artistas más demandados y que estas productoras se encargan de traernos a nuestro país.
 
En la otra arista mencionábamos la docilidad de nosotros como público. El sentido de esta apreciación radica que en sin importar el precio que nos impongan, estamos dispuestos a hacer sacrificios, a endeudarnos o pagar más de lo que hubiésemos pensado, con tal de poder ver, si así pudiésemos decirlo, de manera decente al artista que queremos. La docilidad que proponemos se enmarca específicamente en que no tenemos reacción al respecto. Simplemente pagamos. Obedecemos y nos sometemos…y pagamos.
 
No sería digno, preguntamos, que nos rebeláremos contra la mafia de las productoras y dejemos a los eventos sin público o con un mínimo incapaz de satisfacer las ganancias o beneficios previstos por esas empresas chupasangre. La respuesta más inmediata sería pensar que los únicos afectados seríamos nosotros. Quizás eso es cierto en el corto plazo, pero creo que no si lo pensamos con mayor latitud y afrontamos este tipo de decisiones, podríamos toparnos con un futuro donde haya empresas más comprometidas con la difusión de arte y no con la consecución de obtener mucho dinero y enriquecerse a costa de un público que no hace sino agachar la cabeza y estirar la mano llena de dinero, o bien entregando la tarjeta de crédito; podríamos quizás tener éxito.
 
Por cierto esto no es un llamado a la rebelión. Por de pronto es tener, por lo menos, una actitud más contestataria en contra de estos carteles del lucro. Demostrar que no estamos dispuestos a que nos pasen por encima, jugando con nuestros deseos de poder empaparnos con nuestros artistas favoritos. Determinación y contundencia en nuestras respuestas como público consumidor de eventos. No dejarnos pasar a llevar por la dictadura del dinero, e intentar hacer de esto una buena mezcla de negocio y entretención masiva. Que ambos lados resulten beneficiados.
 
Probablemente esta es la arista más compleja de abordar, porque posiblemente siempre haya gente dispuesta a pagar lo que sea, a hacer cualquier sacrificio…menos el de quedarse sin ver el espectáculo que espera ver. Y esto es comprensible, de todas maneras. Sería imposible para algunos (y en cierta manera me uno a este grupo), dejar la oportunidad de ver a Radiohead; Depeche Mode o a Faith no More, entre otras bandas que probablemente jamás tengamos la oportunidad de volver a ver. Es extremadamente difícil poder pensarlo racionalmente, si el corazón y la pasión nos mueven a querer verlos.
  
Es por este motivo, por el que finalmente el abuso gana la pelea sobre la indignación, la rabia o la impotencia de sentirse usado, manipulado y emplazado a ser una oveja más del rebaño y a hacer lucrar a la productora de turno que se ubique entre nosotros y el show que queremos presenciar; potenciando así la labor de cartel de estas nefastas empresas, completando sin fin el círculo vicioso propuesto por esta mafia.
  

Corolario: Reflexión Sobre La “Gala” De Faith No More En Chile
  
Cuando me enteré que FNM haría un segundo concierto, y en el Caupolicán, me saltó el corazón. Pensé inmediatamente en el recordado e insalubremente célebre “Spit At Me” de 1995, y me sentí compelido a participar de esta nueva fecha. Hice unos llamados, comenté la noticia y la emoción a todos nos motivó a pensar que podríamos revivir el Monster of Rock de ese año. Era el lugar preciso para la banda y para su público.
  
Pero un par de días después comunica la productora a cargo del evento que ésta iba a ser la “noche de Gala” de FNM en Chile. Esto claramente era un mal presagio para mí, mi presupuesto, y en definitiva, para los bolsillos de todos.
 
Sobre la misma, los precios a la venta: $38.000 pesos la entrada más barata. ¡LAS PELOTAS! ¡Noche de gala! ¡De Luis Miguel podría esperar algo así! Pero en este caso se rompieron todos los moldes y se llegó a un sublime punto de abuso, del que me imagino costará volver.
 
Esta es la cristalización, hoy por hoy, de la maquinaria nefasta de estas empresas que sólo se amparan en el lucro. Perversamente dominan el espectro de los grandes espectáculos de música, incluyendo el masivo y potente rock que convoca a nuestros espíritus. No sé si seamos víctimas de aquéllos, pero una cosa es segura: estas malas prácticas han venido para quedarse hasta que nosotros no digamos (o hagamos) lo contrario.
   
La guerra desatada de la dictadura del dinero se ha hecho más fuerte jugando de manera burda y obscena con los deseos y añoranzas de nosotros, los ávidos consumidores de este tipo de eventos. Nos resta resignarnos a la mafia, o bien, organizarnos para combatirla. Preocupémonos de disfrutar la música, de transmitir y recibir energías; sin darle derecho a nadie a que nos traten como unos idiotas o para que nos roben impunemente a nombre del maldito mercado.

     

GRG