Archivo de Noviembre de 2009

El Aporte Del Rock A La Causa Indígena

Viernes, 20 de Noviembre de 2009

Rock MapucheSiendo hoy en día un tema tan en boga el del respeto y reconocimiento a la cultura indígena, es que resulta de vital importancia hacer un análisis del respaldo que han recibido los pueblos originarios por parte del “mundo del rock”. Vale destacar que este no es para nada un tema nuevo tanto en Chile como en todo Sudamérica, y aunque existe una conciencia social del respeto a los pueblos, es muy poca la gente que se ha preocupado de adquirir y conocer la cultura propia de los mismos.
 
Es en este punto que el rock y la música en general pueden llegar a  generar un  fuerte cambio de mentalidad, socialmente hablando. Basta recordar como los Chancho en Piedra a mediados de los 90 ayudaron a crear un orgullo por lo nuestro, tanto en sus influencias musicales como en su abierto amor a nuestro país (que por esos años era algo repudiado por gran parte de la juventud producto del gobierno militar). Ese movimiento  impulsado por los padres el funk en chile, ve hoy su respuesta en el auge de la cueca para toda una generación y un renovado orgullo por nuestra patria (que claro se ve ayudado por los éxitos deportivos hoy en día). Sin desviarnos del tema central, es posible que esta sea la época perfecta para crear una nueva mentalidad social en la que podamos reconocer a la cultura mapuche y autóctona sin la necesidad que un gobierno nos dicte a hacerlo.
 
Grupos como Los Jaivas, Weichafe o los Fiskales Ad-hok, entre otros, han sido los precursores tratando de llenar este vació en la escena, ocupando diferentes herramientas musicales y líricas del mundo mapuche, siendo de esta forma estandartes en su lucha que siempre ha estado marcada por la indiferencia y falta de interés propia de una nación que  ha hecho a un lado a los pueblos autóctonos. También podemos encontrar el caso de la juventud brasileña, que ha vivido un reencantamiento con sus raíces gracias a Sepultura y Soufly, que han logrado que instrumentos y ritmos propios de sus antepasados lleguen a oídos de miles de metaleros alrededor del mundo y que de hecho se interesen por una cultura que hubiese pasado inadvertida en un  país como Chile.
 
Es en un caso así, en el que hay que hacer hincapié -y más aun en nuestro país-, en el que una persona que quiere conocer sus raíces debe hacerlo por sí mismo, ya que ni siquiera en el colegio existe una instancia donde podamos tener un acercamiento a las mismas (solo un poco de  historia y los números en Mapudungún). Es imposible que exista un respaldo e identificación masiva hacia la causa Mapuche. No conocemos su cultura, sus tradiciones y en este caso su aporte musical; por eso -bajo este contexto- son los grupos de rock (tal como lo hicieron Los Jaivas en 1981 en su “Alturas de Machu Picchu”)  los llamados a rescatar la influencia Sudamericana (y no sólo Mapuche), y darla a conocer al mundo tal cual lo hizo Sepultura en su momento.
 
Daniel Ibarra

Metallica: El Perfecto Desencanto

Martes, 3 de Noviembre de 2009

     01-10-2009. Bank Atlantic Center, Sunrise, Florida, EE.UU.
 
Metallica Magnetic Tour¿Se acuerdan de Whiplash? Decía algo más o menos así: “nunca nos detendremos, nunca renunciaremos, porque somos Metallica!!!”… Y estaban en lo cierto, ellos ERAN Metallica…
 
No quiero ser majadero con las alabanzas al pasado. Pasé los 30 y sé que a esta edad cada vez más basamos nuestro actuar en el “te acuerdas”. Estuve dos semanas y media en Chile y prácticamente el 90 por ciento del tiempo se lo dediqué a la añoranza.
 
Pero creo que en este caso, no tengo salida. Es que tengo grabado ese momento en que en una tarde en Viña del Mar, hace sus buenos 20 años, escuché por primera vez Creeping Death. Fue mi primera canción perteneciente a ese movimiento tan postergado que algunos llamaban Thrash Metal (Thrash, con TH, no Trash).
 
Era algo distinto. Vivíamos en un país que poco y nada sabía de música. Con algo de verguenza ajena recuerdo como algunos locutores radiales ni siquiera se tomaban el tiempo para saber cómo se pronunciaban correctamente los nombres de grupos anglo (”Diuran Diuran”, por Duran Duran y “Bon Jovay” por Bon Jovi, son dos ejemplos más que ilustrativos). Por otra parte, nos hacían creer que Modern Talking era una banda de rock y, para más remate, exitosa…
 
¿Cómo llegó a mis manos ese cassette con la canción Creeping Death? Ni idea, pero el asunto cambiaría para siempre mi forma de relacionarme con la música. Esa tarde primaveral, en Viña, descubrí que había un mundo más allá. Que lejos, muy lejos, cuatro jóvenes de la Bay Area estadounidense me hablaban de hermano a hermano, con un lenguaje común, con rabia contenida, con fuerza, con el corazón.
 
Fue entonces cuando comenzó un viaje. Una travesía que sigue igual de vigente, en la que he conocido mil y una bandas de música y, más importante aún, compañeros y compañeras de todos los credos y colores con quienes puedo compartir mi mundillo.
 
¿Exagerado? No lo sé. ¿Y si, para aclarar dudas, le preguntamos a cualquiera que lleve esto en la sangre? A ciegas, digo que todos quienes vibramos con el metal tenemos una historia parecida.
 
Volvamos al hoy implacable. Anoche tocó Metallica acá en el sur de Florida y pese a que litros de agua han pasado bajo el puente desde ese primer encuentro, no resistí la tentación.
 
Me costó digerir el episodio entre Metallica y Napster de hace algunos años. ¿Qué había pasado? ¿Cómo ellos, a quienes hicimos grandes justamente a través de cintas piratas, de revistas clandestinas y videos con horrendas fallas de producción, nos cerraban la puerta en la cara y nos mandaban a rendirle honores a las compañías disqueras? ¿Por qué ellos? Ellos… Metallica… Traté de quitarme eso de la cabeza y ver este show en paz.
 
Las luces se van y comienza The Ecstasy of Gold, la obra maestra de Ennio Moriccone que nos dice que vienen dos horas de Metallica. Fue el último vestigio de lo que alguna vez fue grandioso. Tras la introducción, saltan los cuatro rock stars a hacer lo correcto. A deleitar a los 23 mil muchachos, en su mayoría quinceañeros consumidores ávidos de Hot Topics y Sorority Girls cuyo lenguaje común es el wooooo!!!! gratuito.
-”Quieren Heavy”- pregunta Hetfield, siempre impoluto, para dar paso a otra perfecta demostración… Y ¿Dónde está Metallica. Dónde está MI Metallica? Ese que no hacía lo que está bien. Ese que te demolía con sinceridad, que te miraba a los ojos y te hacía cómplice de un mundo que para nosotros era ideal.
 
Damage Inc. y Motorbreath, dos joyas que en la buena época Cliff Burton te restregaba en la cara para hacerte sentir vivo, hoy pasan sin pena ni gloria ante un público abúlico que aprovecha el momento para ir a comprar cervezas. En contrapartida, Enter Sandman y Nothing Else Matters, los superhits, son aplaudidos, coreados y chillados.
 
Todo es limpio, todo perfecto. El sonido pulcro como el cristal, las luces mágicas. Termina todo y los woooooo! no cesan. Todos contentos. ¡Qué lindo! Los chicos se van felices y, al menos, me da alegría que haya una generación de recambio. Sin embargo, no sé hasta qué punto esa nueva camada hable con el corazón caliente, como sí lo hicimos nosotros.
 
Camino hacia la salida con mi amigo Pedro, él también de la Vieja Guardia, y repasamos cada minuto en silencio. Luego, el resumen de todo lo que vivimos en esas dos horas:
 
-NO, ¿cierto?- Fue mi reflexión-pregunta.
 
-NO- me contestó, mientras con desazón movía la cabeza de un lado a otro…
 
Eso fue todo. Metallica ya en nada emula a ese portaestandarte de nuestra forma de vida. Ahora están los millones, las limusinas y los flashes; desterrado ese alarido del alma que todos atesoramos y transformamos en sagrado.
 
“No renunciaremos, porque somos Metallica”… Quizás lo sigan siendo, pero ya no tenemos nada en común. Hasta aquí llegamos, queridos amigos. MI Metallica, el que me invitó a un mundo inigualable y del que cada día me siento más orgulloso, está muerto y enterrado. Que en paz descanse…

Antonio Loma-Osorio