Archivo de Diciembre de 2009

La Necesidad Del Caos

Jueves, 31 de Diciembre de 2009

CaosAnte la evidente falta de 1 banda y/o movimiento referente en esta última década que ya se nos va, vale cuestionarse, ¿Por qué vivimos la decadencia del rock y la música en general?, ¿será que simplemente somos una generación menos talentosa? O ¿acaso ya estará todo hecho en el rock?, la verdad me parecería alarmante que fuera así , sin embargo en esta época en que la información vuela y la música tiene más medios de difusión que nunca, estamos faltos de la “sustancia x”, es decir el caos.
 
Me explico. Durante años ha sido éste el detonante que ha creado los grandes movimientos tales como el blues (empezado por los esclavos negros), la música hippie (que nace en forma de protesta pacífica contra la guerra de Vietnam en los 60’ en Estados Unidos), Los Prisioneros y el punk en Chile (producto del gobierno militar y la fuerte represión que conllevo el mismo en los 80’), el grunge (por la “generación x” en los 80’ y 90’), etc. Siempre ha sido el sentimiento del descontento y las ganas de generar un cambio. Sin embargo hoy no tenemos ese gatillante, producto que el mundo se encuentra un tanto “adormecido” por la cultura del capitalismo y la globalización (mall, Internet, televisión con cable, celulares, mp3, etc.). Nos bombardean con cosas para que la vida se nos haga un “tanto más simple”, es decir consumismo puro, que ha terminado produciendo que incluso sea  un mejor panorama para un niño estar en su casa que jugando en la calle con sus amigos o su papá.
 
Entonces, ¿Qué es lo que tenemos que hacer para volver a tener un Nirvana o unos Beatles?, ¿para volver a tener el deseo de innovar? Lo que se necesita es despertar del efecto que producen estos verdaderos “anesteciantes mentales”. Vale recordar que la época en que nace el grunge no era muy distinta a esta, sin embargo era una juventud que mostraba una apatía ante todas estas cosas que estaban surgiendo en la sociedad. Basta pensar en el repudio que tubo Kurt Cobain a la hora de alcanzar el éxito o como odiaba su clásico “Smells Like Teens Spirit”, lo mismo que le sucedió a John Frusciante a la hora en que los Red Hot alcanzaron el estrellato (con su Blood Sugar Sex Magic), que a pesar de no ser del mismo estilo, si compartían el mismo sentimiento en una sociedad que nunca fue de su agrado. Se podría decir que a la hora en que los grandes músicos encontraron su lugar en esta sociedad se pierde la magia (lo que le sucedió al movimiento punk, en el momento en que empezaron a mejorar musicalmente y a transformarse en moda, este murió). Es no perder esas ganas de ser distinto y no ser parte del rebaño, finalmente es esa la bencina que quizás han perdido grupos como Metallica (que si bien en su último disco suena a “vieja escuela”, éste no se siente como tal). Grupos que tienen que hacer un forzado regreso a sus raíces, las que ya no sienten, porque ya no viven esa realidad como para hacer un disco así y no siguen la que debe ser una honesta evolución musical, sin caer en la comercialización de su arte.
 
Es por eso que cuando hablamos de la necesidad del caos, no es que exista hambre y guerras en el mundo para tener buenos grupos de rock, es más bien DESPERTAR y darnos cuenta que realmente no está todo bien en esta realidad, que la guerra y el hambre aun existen, que sí podemos y debemos recuperar nuestra capacidad de reacción. El rock siempre ha sido la respuesta más sana ante las crisis, pues como decían los Fiskales “es tomar una guitarra y usarla como metralleta”, o Mauricio Redobles “yo prefiero el caos a esta realidad tan charcha”. Es un sentimiento que de a poco nos vemos obligados a revivir para recuperar la mejor música de todos los tiempos.
 
Nicolás Ibarra

¡Vuélvete loco con esta canción!

Viernes, 4 de Diciembre de 2009

EscuchandoLocuraHace varias semanas que vengo procesando esta información. Fragmentada, incompleta, difícil de encontrar. Hasta llegar a este punto, en que tengo un plano más o menos general de lo que aquí ocurre. Pienso en la estupidez del ser humano.  La capacidad que tenemos para transformar lo que sea, en un pedazo de basura.
 
Debo reconocer que no soy fanática acérrima de todas las bandas que formaron la coalición solicitando el pasado 22 de octubre –a través de la Ley de Libre Información, en Estados Unidos- la desclasificación de documentos, que describen la estrategia de utilizar música como herramienta de tortura. De todas formas, e indiferente a mis preferencias musicales, apoyo la moción, y celebraré cuando logren resultados positivos.
 
Resulta que canciones de grupos como NIN, Pearl Jam, Tom Morillo, Jackson Brown y Britney Spears (sólo por nombrar unos cuantos) fueron utilizadas como mecanismo de frustración y desesperación contra los detenidos que no cooperaban en los interrogatorios en las bases de Guantánamo e Irak. Claro, suena un poco chistoso a primera oída, o leída, pero no lo es tanto. El tema no se trata de que los torturaban haciéndolos escuchar malas canciones, sino que los sometieron a presión mental y sensitiva a través de la repetición, y exposición a volúmenes ensordecedores, durante periodos de tiempo prolongados.
 
Me imagino que se sentirá que te amarren de pies y manos, con el fin que no puedas mover ni un músculo, pongan el aire acondicionado lo más helado que da sobre tu cara, y te obliguen a escuchar una y otra, y otra, y otra, y otra vez Toxic de Britney Spears. Personalmente enloquecería a las dos horas, intentaría tragarme la lengua, o algo así.  Los prisioneros lo tenían que aguantar por 24 horas o más.
 
Entre tanta noticia corta respecto al tema, (hay que decir que ningún medio, ni siquiera BBC World, le dio la suficiente bola) leí de una profesora de la Universidad de Nueva York, Suzanne Cusick, quien ha estudiado intensamente acerca del uso de la música como herramienta de tortura, ella indica que en el fondo el problema no es la “calidad de la música”, sino el volumen, ya que a muy altos decibeles, se hace imposible pensar, produciendo una sobre carga sensorial que daña la objetividad, y puede producir regresión a  un comportamiento infantil.
 
Es decir que los soldados, o las personitas que jugaron a ser soldados en Irak y Guantánamo, escogían canciones aleatoriamente de la música que a ellos personalmente les gustaba, y cumplían con agrado, quizás hasta con algún pasito de baile loco, la tarea encomendada: Freírles la racionalidad a los desafortunados que terminaron convertidos en sus prisioneros.
  
Ahora la lucha de este gran grupo de artistas –tanto norteamericanos, como extranjeros- es la de conocer a cabalidad el playlist de canciones usadas, para poder presentar las acciones legales correspondientes, pero esta vez sin entrar en cuestiones de derecho de autor, ya que hoy el tema es diferente, se trata de juzgar (y ojalá penalizar) la mala utilización de una expresión de la cultura popular. Un producto que nos pertenece a todos. Y de paso (como si fuera poco), hacer cumplir a Obama el compromiso de cerrar Guantánamo a enero del 2010. Algunos escépticos dicen que es imposible, que la fecha está demasiado encima, pero con la presión popular que están ejerciendo estos famosos, quizás no quede otra opción que -como dijo el Puma- “escuchar la voz del pueblo”.
  
Magdalena Tavonatti