La Fragilidad
2 de Marzo, 2010
Muy a propósito, el fin de semana del terremoto escuché varias veces el tema “Fragilidad”, la nueva versión de Pedro Aznar para el clásico “Fragile” de Sting, incluida en su disco “Quebrado” publicado el 2008. Recuerdo que el ex The Police había reactualizado ese tema luego de la tragedia del 11 de septiembre del 2001. Que bueno -a la luz de lo sucedido por nuestra propia catástrofe- haber podido captar el mensaje también. De que somos bien poca cosa frente a la naturaleza, ni siquiera deberíamos discutir. Pero la sensación con que uno se queda después de una experiencia como la del terremoto del 27 pasado es de cuán frágiles somos.
Para graficar la fuerza que tienen en Chile estos sismos solo hay que apuntar que estos terminan siendo cursos intensivos para ser más humildes y de paso solidarios. Nos reducen a la más absoluta indefensión. Nos enfrentan a las verdades elementales de lo incontrolable y lo desconocido. O quedamos muy para adentro -bloqueados, descompensados- o nos volcamos hacia fuera y nos da una energía nueva. Y eso es porque a toda costa tratamos de hallarle una explicación, algún sentido, a lo ocurrido y como no se lo encontramos ni tampoco lo tiene, nos sentimos pistoleados. Nos lamentamos y pensamos que nos ha ocurrido una tragedia, hasta que la televisión y la radio nos recuerdan que siempre hay gente que la pasó mucho peor.
Conectado en un buen escritorio en Santiago, contando con servicios básicos repuestos a la brevedad, es fácil recuperar el optimismo y olvidarse de la lección de humildad que nos están dando. Fue vergonzoso ver por las noticias los saqueos no de agua y alimentos básicos precisamente. Me tocó ver exactamente lo mismo el 2005 cuando, por esas desgracias de la vida, me quedé atrapado en México para el huracán Wilma y eso sí que daba miedo, el caos sacaba lo peor de cada uno de esos mexicanos siniestrados. En un comienzo, pensé que Chile era un país formidable, preparado para enfrentar vicisitudes de estas y otras más fuertes, con saldo de muy pocos muertos, sin embargo, esta vez pude ver a mi país postrado y ni siquiera sabía que estaba así. Y que podíamos comportarnos de esa manera también.
Somos un país sísmico, abundante en desastres naturales y aun no podemos contar con un plan efectivo cuando nos azotan los desastres. No concibo que se tenga que evaluar cada desastre por separado. Una catástrofe es un desastre con victimas y daños, sea terremoto, incendios forestales (recurrentes en verano), inundaciones en invierno, erupciones volcánicas, etc, etc. Es patético ver en la TV a un panel de figuras de farándula preguntando como se podía ayudar a las victimas y ellos “proponiendo medidas o reflexionando frente al supuesto próximo sismo de la siguiente generación. Y peor, que en Chile nos conformemos con un designado Ministro de la Cartera de Catástrofes que sería… Don Francisco. No puede ser.
Cada cierto tiempo Chile se viene abajo y los chilenos lo volvemos a levantar. Esto es parte del costumbrismo nacional. Es lo que ha ocurrido una y otra vez en nuestra historia. Con cada sismo entrega un cierto aprendizaje, pero ni uno solo hasta ahora nos ha encontrado preparados. Nos consuela pensar que calificamos mejor que otros países, que son rajados de manera infamante por simples temblores. Es un hecho de que el país volverá a funcionar, y volverá a funcionar pronto, entre otras cosas, porque lo que sería un cataclismo en cualquier parte, aquí en el fin del mundo es sólo un trago amargo. Otro más que nos hemos tragado. Es verdad que somos muy frágiles como seres humanos y que cada desgracia trae una reflexión y espero que esto sirva para hacer casas más dignas para la gente, de partida
el gobierno debería invertir en esas regiones en la cual el adobe no aguanta más.
Los terremotos -qué duda puede caber- están entre los mayores sustos que vamos a vivir. Mi generación ya lleva dos en el cuerpo -el 85 y ahora- y personalmente aprendí a aceptarlos y ahora sin tanto pánico: que paradójico que ya no les tenga miedo quizá porque creo que no me pueden matar, cuando más niño hace 25 años pensaba que podían ser el fin del mundo. Es cierto que todo esto nos hace más fuertes pero esta vez no voy a olvidar la sensación de vulnerabilidad. Si, porque después de tantas ínfulas, la emergencia probó que las comunicaciones en el Chile de la modernidad no son tanto mejores que en el país en que siempre hemos vivido. Las carreteras se cortan, las vías concesionadas se desploman, los terminales de viajes se cierran. Y la incomunicación al fin del día resulta ser más terrorífica que cualquier otra cosa, al menos para mí.
Esa sensación de que hay cosas que no podemos controlar es la que mas debe quedar. No olvidemos que por momentos nos hemos comportado como un país de engreídos y altaneros, que miramos por debajo del hombro a muchos países vecinos por nuestro evidente desarrollo y bonanza, un país disfrazado de celulares de ultima tecnología, pantallas plasmas, megaconciertos y una clasificación al mundial. Ojala que esto nos devuelva la humildad de antaño. Porque de seguro no van a haber terminado siquiera las réplicas de esta catástrofe cuando, en tres meses más, si es que no antes, de las heridas de este terremoto horroroso apenas queden huellas y nuevamente nos comportemos de manera arrogante y egoísta.
Qué bienvenida fue esta para que comience de verdad el año 2010, después de unas no menos extrañas vacaciones. Esto no se olvidará. Porque no fue al final el cambio de mando presidencial el que inició el año del bicentenario. Fue el terremoto. En 1810 metafóricamente se empezó a levantar un país, hoy día se trata de levantarnos de nuevo. Una vez más. En un sentido muy real, nuestra historia ha sido una de reconstrucciones sucesivas. No cabe duda que estamos a la altura del desafío de reconstruirnos y reinventarnos para mejor. Quiero creer.
Alfredo Lewin
Como todos saben, el rock es conocido por su estilo rebelde, un tipo de música donde el que no sabe lo denomina algo así como puros tarros sonando, algo que molesta y no tiene sentido. Algunos padres, no todos eso si, siempre nos critican por escuchar ese tipo de música que nadie entiende según ellos. La lucha libre también es mal mirada y conocida por su excesiva violencia y para los que no conocen el tema, solo critican diciendo que son hombres musculosos y que las peleas son de mentira.
A una semana del concierto, creo que es la hora de tratar de describir, o explicar o tal vez imaginar lo que será la venida, por 3era vez, de una de las bandas de rock más potentes de la tierra: Metallica. No es menor que en menos de 180 hrs, estemos más de 50.000 personas atentos a los primeros sonidos de ‘The Ecstasy Of Gold’, teniendo claros temas como el valor de las entradas, cancelaciones de última hora, desilucion (de algunos, me excluyo 10000%) por los últimos discos, cortes de pelo y toda el mismo discurso que siempre se da al hablar de los 4 tipos con una de las performances más valoradas en vivo de los últimos 25 años.
Ante la evidente falta de 1 banda y/o movimiento referente en esta última década que ya se nos va, vale cuestionarse, ¿Por qué vivimos la decadencia del rock y la música en general?, ¿será que simplemente somos una generación menos talentosa? O ¿acaso ya estará todo hecho en el rock?, la verdad me parecería alarmante que fuera así , sin embargo en esta época en que la información vuela y la música tiene más medios de difusión que nunca, estamos faltos de la “sustancia x”, es decir el caos.
Hace varias semanas que vengo procesando esta información. Fragmentada, incompleta, difícil de encontrar. Hasta llegar a este punto, en que tengo un plano más o menos general de lo que aquí ocurre. Pienso en la estupidez del ser humano. La capacidad que tenemos para transformar lo que sea, en un pedazo de basura.
Siendo hoy en día un tema tan en boga el del respeto y reconocimiento a la cultura indígena, es que resulta de vital importancia hacer un análisis del respaldo que han recibido los pueblos originarios por parte del “mundo del rock”. Vale destacar que este no es para nada un tema nuevo tanto en Chile como en todo Sudamérica, y aunque existe una conciencia social del respeto a los pueblos, es muy poca la gente que se ha preocupado de adquirir y conocer la cultura propia de los mismos.
¿Se acuerdan de Whiplash? Decía algo más o menos así: “nunca nos detendremos, nunca renunciaremos, porque somos Metallica!!!”… Y estaban en lo cierto, ellos ERAN Metallica…
Este tema surgió en el foro Rx, en una discusión que enfrenta a las bandas tributo con las bandas emergentes. El tema, en general, está bien trillado y desde su mismo origen no tiene ni pies ni cabeza. ¿Es posible que una banda que se dedica a tocar temas compuestos por otros músicos compita en algún aspecto con una banda que escribe y toca sus propios temas? El 99% de las veces no, a menos que hablemos de aspectos técnicos o de puesta en escena donde algunas bandas tributo pueden barrer el piso con una buena parte de las bandas emergentes. Pero, en general, no hay punto de comparación y el problema en sí surge cuando las instancias donde las bandas emergentes pueden mostrar su propuesta están copadas por bandas tributo. Es entonces cuando vienen las recriminaciones y acusaciones por el escaso y nulo apoyo de los medios, y de los dueños de locales, al Rock emergentes en Chile. Es entonces cuando se evidencia que la escena del Rock Chileno está actualmente en muy mal pie.
David Bowie, que personaje, ambiguo, andrógeno, genio, figura y sin pudores. A sus 62 años hace relativamente lo que quiere, en la época que sea pero con la total inteligencia y sutileza repartidas en las cantidades perfectas.
Durante el último lustro nos hemos ido acostumbrando (aunque creo que sería más correcto decir resignando) a ver en cada evento musical, independiente del género que sea, anglicanismos o latinismos tales como: Premium, VIP, Platinium, Golden Circle, entre otros, imponiéndose como una tendencia hacia al antidemocratización de la música y su difusión en vivo. No importa el público, no importa lo masivos que sean: sólo interesa el renombre del artista y la posibilidad de obtener el mayor beneficio posible a costa de aquello.